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Agosto 31, 2006

SOLEDAD NO VIENE DE SOL (Jueves, 31 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
¿Hay algo más doloroso que escuchar al amor de tu vida confesándote lo mucho que quiere a otra mujer? Bueno, ahora que lo pienso... menos mal que no me hizo madrina de su boda... Y es que teníais que haber visto ayer la cara de felicidad de mi jefe al hablar de su prometida, cómo le brillaban los ojos al decirme que iban a irse a vivir juntos. Escuché cómo mi corazón se resquebrajaba por el dolor... Y cómo me dolía. Hubiera preferido que me diera con un palo de golf en la espinilla o que me hubiera arrancado las uñas de los pies con unas tenazas.
Para ahondar más en la herida, me pidió que fuera a una joyería a comprarle un llavero (para ponerle las llaves de su apartamento) así que tuve que tragar saliva, ponerme el armazón de hierro e intentar aparentar que la noticia me alegraba y que estaba encantada al poder ayudarle. Y fui a la joyería, feonautas (aunque me hubiera gustado echar a correr...) y allí me vi, eligiendo un regalo que hubiera dado mi riñón derecho porque fuera para mí, un regalo que a mí jamás nadie me hará nunca... De vuelta a la oficina, con la bolsita del llavero en la mano, no podía dejar de pensar en lo triste y sola que me sentía... (SUSPIRO) ¡Ay, la soledad como compañera de viaje! Siempre conmigo, como el que lleva un hermano siamés adosado al brazo. Mucha gente dice que estar solo no es tan malo, que a veces, es lo mejor que te puede pasar pero, los que dicen eso, es porque realmente no saben lo que significa la palabra soledad. Y os aseguro que no viene de sol. Es... Es... sentirte desvalido, incomprendido, diferente, si nadie al lado... Los solitarios forzosos siempre nos preguntamos por qué nosotros no podemos ser como el resto, por qué nuestra agenda del móvil no está repleta de contactos. Yo a veces he llegado a pensar que soy la reencarnación de algún tiránico faraón del Antiguo Egipto o incluso del mismísimo Hitler y estoy pagando por las fechorías cometidas en mi anterior vida...
Aún así, ya me conocéis, (Andrómaca, Sanfriski, en resumen, TODOS...) y sabéis que siempre intento resurgir de entre las cenizas, por eso, decidí que lo mejor era aceptar la nueva situación y hacer mi vida. (Mi jefe se iba de viaje, algo que me ayudaría a olvidarlo, a asimilar lo que iba a pasar) Acepté a ir con unos compañeros de trabajo a jugar al billar. Pero la cosa no salió todo lo bien que yo esperaba. Mañana os cuento, feonautas.

Agosto 30, 2006

UN SOLTERO PARA MI... (Miércoles, 30 de Agosto de 2006.)

Queridos feonautas:
Mi padre ha metido la pata hasta el fondo y se ha quedado tan ancho. Ha tenido la genial idea de contarle al Señor Acelga que tiene el carnet caducado.¡Pero cómo se le ocurre contarle algo así! Mi padre sigue emperrado con que el Acelga es un tipo majísimo y que no sucede nada malo. Es más, se están haciendo amiguitos: hasta viene a casa a fumar puros con mi padre y a tomar orujo.¿No os resulta increíble? A mi sí. Y no sólo eso, lo peor es que me hace dudar. Si hasta ahora pensaba que semejante ser era oscuro, depravado y ruin, vamos...una vulgar alimaña, ahora comienzo a cuestionarme si no estoy siendo demasiado dura.¿Y si el señor Acelga realmente tuviese un lado bueno -el que ve mi padre- y yo no lo quiero ver?¿Qué opináis feonautas?
Siempre he tendido al optimismo antropológico pensando que “el hombre es bueno por naturaleza”, como decía Rousseau. Y mira que me las han hecho pasar canutas con insultos y menosprecios a lo largo de mi vida pero... No lo he podido evitar: Pensaba que en el fondo de cada ser humano hay algo bueno. Sí, feonautas, en algún recoveco entre su pelo teñido y su única neurona, nuestra querida amiga la cerebro de guisante, también encierra alguna bondad.¿Pero y el Acelga?¿Realmente tendrá algo bueno? Con sus ansias de fastidiar a mi querido jefe le ha tendido todo tipo de trampas y por el camino, incluso, ha intentado comprarme...
Quizás en lo más profundo de una caries el Acelga guarde su bondad y yo no quiera verla, el caso es que mi padre está encantado. Hasta me ha lanzado una indirecta muy directa: “Me parece que el señor Acelga es soltero” me dijo.¡Eso seria lo ultimo! Yo casada con él...¿Os lo imagináis? Entre su mala leche y mi mala cara, sería un sacrilegio traer criaturas al mundo. En fin... sólo de pensar en la noche de bodas me dan ganas de tomarme una tila doble o... triple. Sin embargo no me cuesta nada soñar con mi adorado...Y eso que ayer me llevé un duro golpe: Mi jefe y su despampanante novia, se van a vivir juntitos. Lo más grave es que él me encargó hacerle la copia de su llave. Por lo visto quiere darle una sorpresa. Sorpresa la mía. La misma llave que abrirá a su novia las puertas de su casa, es la llave que cierra las puertas de mi corazón y mi esperanza. Seré sincera, feonautas, no me lo esperaba... A veces, no sé cómo puedo ser tan ingenua... Gracias a todos por leerme y animarme... ¡No sé qué haría sin vosotros!

Agosto 29, 2006

BRAGAS DE JENNIFER LÓPEZ (Martes, 29 de Agosto de 2006.)

Queridos feonautas:
¿Qué posibilidades hay de que me toque el Euromillón con un bote de 45 millones de euros? ¿Una entre diez millones? ¡A saber!¿Y de que me llame Zapatero para ofrecerme el puesto de ministra de economía?¿Una entre cien millones -o quizás más porque ni siquiera me conoce?
Hoy no hago más que devanarme la cabeza con la suerte... ¿O quizás no es suerte sino casualidad? En el caso del euromillón y el puesto de ministra, yo lo llamaría suerte pero en el caso de mi padre no sabría cómo llamarlo porque... ¿Qué posibilidades hay de que mi padre conduzca sin carnet y tenga un accidente contra el coche del Acelga?¿Una entre un millón? ¡Pues nos ha tocado el gordo porque ahí estaba el Acelga y su flamante coche... abollado por nuestro italiano! ¿No os parece demasiada casualidad?
Estoy empezando a cansarme del señor Acelga. Debe tener poderes divinos porque últimamente está en todas partes. Tipo Jennifer López: abres una revista está ella, vas a comprar bragas y son de su marca...Perdonad que haga un inciso pero...¿esta tipa no era cantante?¿Entonces por qué diseña bragas, zapatos, bañadores, relojes, colonias y encima, hace cine? Podría dejarnos algo al resto del mundo, vamos, digo yo. Unas tanto y otras tan poco... Yo me conformo con que en el incidente del coche no haya pasado nada. Aunque parezca extraño, Mister Acelga se portó fenomenal con mi padre, incluso se ofreció a llevarle al hospital al ver que tenía el codo dolorido. Fue como si unos alienígenas le hubiesen abducido y en la nave le hubiesen instalado un chip de superamabilidad. Me tiene mosca, pero mi padre está empeñado en que tiene pinta de ser un chaval estupendo. Si él supiese que es un extorsionador que llegó a ofrecerme diez mil euros por pasarle información sobre mi querido jefe... En fin, lo importante es que ambos están bien. La cosa, podía haber sido grave.
Aparte del incidente del coche y de que mi padre tiene su carnet más caducado que un yogur de coco, el día transcurrió tranquilo. Mi jefe me ha pedido que comience a buscar posibles socios para una alianza Latinoamericana y yo me he puesto con ello de inmediato. No hay nada que me llene más que demostrarle mi entrega trabajando. Quien sabe, puede que...empiece por fijarse en mi trabajo y termine por fijarse en mi. Besos de una feonauta enamorada.

Agosto 28, 2006

UN LÁTIGO COMO INDIANA JONES (Lunes, 28 de Agosto de 2006)

Feonautas, mi querido jefe no quiso escuchar mis explicaciones sobre el cheque roto con el que oscuro Señor Acelga me quiso comprar. Simplemente, pensó que le había traicionado y punto. Os juro que no he pasado tan mal trago desde...¡Pero qué digo! Si trabajar en esta empresa es más fuerte que ser contrabandista de uranio en Oriente próximo.¿Qué hacéis vosotros para sortear los sustillos laborales, feonautas? Yo estoy pensando en hacerme un curso intensivo de Yoga, a ver si eso me relaja. También podría comprarme un látigo, como Indiana Jones, para intentar sentirme poderosa. Lo sacaría y pondría firme a todo el mundo: desde el Señor Acelga hasta la Barbie Todicura. Y es que, hay momentos en los que en vez de una simple secretaria me siento como “Indi”. Sé que hacer un plan de viabilidad en una noche no se puede comparar a correr delante de una bola gigante a punto de aplastarte, pero... Ya me gustaría a mi ver a Indiana Jones aguantando las tonterías de la cerebro de guisante, o salvándole el culo a su jefe con líos de faldas.
Resumiendo: Al final, conseguí que mi jefe me escuchase y le hice ver que el Acelga quería comprarme. Entonces ocurrió algo estupendo, tranquilos, no me besó pero...le planto cara al Señor Acelga: le llamó por teléfono y le dijo que no se volviese a acercar a mi. ¡Me protegió feonautas! Luego me preguntó por qué le era fiel y yo le solté una mentira de las gordas...le dije que tenía confianza plena en su proyecto.¡¿Cómo decirle que le apoyaría hasta la muerte porque estoy enamorada de él hasta las pestañas?! Ahora entiendo la famosa frase “estar cieg@ de amor”. Significa, entre otras cosas, hacer infinidad de tonterías. Tonterías como ésta: Como creo que se me nota mucho el cuelgue que tengo por él hoy, cuando me ha llamado mi padre y mi jefe estaba presente, he fingido como si mi padre fuese un noviete y...le he llamado ”churri”. Como lo oís. He llamado “churri” a mi padre y no sé cómo voy a superarlo. Odio los “churris”, “vidas”, “caris” y demás apodos merengues pero... Era una necesidad. Mi padre no entendía nada pero yo seguí con la farsa: Tenía que hacerle ver a mi jefe que él no es el único hombre de mi vida...¿Se habrá dado por aludido?
El día no pudo acabar peor de lo que empezó: mi padre y el dichoso italiano tuvieron un leve accidente contra un supercochazo y... ¿Adivinad de quién era el coche? Del mismísimo señor Acelga.(SUSPIRO) Mejor me voy apuntando al intensivo de yoga, ¿alguien se apunta conmigo?

Agosto 25, 2006

LADO OSCURO, REVERSO TENEBROSO (Viernes, 25 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Sé que los sobresaltos son el denominador común de mi vida pero voy a tener que encontrar una fórmula para no vivir de sobresalto en sobresalto y tiro por que me toca. Por ejemplo, qué hace un tipo duro como Harry “El Sucio”- ósea Clint Eastwood- para salir airoso de extorsiones, tiroteos, persecuciones por tejados, callejones, edificios de mala... Y un largo sin fin de aventurillas que a cualquiera le ponen los pelos de punta pero que a él, le resultan como un paseo por Disneylandia. ¿Qué hace para tener esa cara de “aquí no pasa nada”? ¿Hay que nacer con ella o es que tiene un entrenador personal para controlar emociones? Si es así, si tiene un entrenador personal de emociones, yo quiero uno. A menos que sea muy caro o que estén reservados sólo para estrellas de Hollywood. Feonautas, necesito hacer algo. A mi me pasan cosas igual que a Harry “El Sucio”, y de lo único que puedo echar mano es de la tila y la caja de valerianas. Y es que lo del Señor Acelga me dejó temblando.
Si hace un par de días me tanteaba para que trabajase para él, ayer volvió a la carga... y con artillería pesada. Muy pesada. Vamos, no sé cuánto pesarán diez mil euros, pero en mi conciencia os aseguro que mucho. El señor Acelga quiso comprarme y me dio un cheque por esa cantidad... (Decidme, ¿parece o no parece el guión de una peli de Hollywood?) El tipo es una sabandija y deslizó el cheque en mi bolso sin que yo me diese cuenta, mi querido jefe llamó en ese momento, como si oliese que yo me estaba acercando al “lado oscuro”, “al reverso tenebroso” de nuestra empresa. Feonautas, diez mil euros por pasarle información y traicionar a mi jefe, ¿está loco? Si supiese que estoy enamorada de él hasta los huesos a lo mejor se hubiese ahorrado el esfuerzo. Jamás traicionaría a mi jefe. Nunca. Por eso rompí el cheque. Y eso que diez mil euros serían un buen empujón para sustituir al dichoso italiano. Suponen casi, casi, mi sueldo de un año, ¿verdad feonautas mileuristas? Vosotros, que como yo, llegáis a fin de mes con el monedero tiritando, lo sabéis bien.
En fin (SUPIRO)...Cuando casi me había recuperado del encuentro en la tercera fase con el Señor Acelga, entro en mi despacho y ahí está mi jefe sujetando el cheque roto. Tenía el cuerpo del delito en sus manos. Las piernas me temblaban, entonces me acordé de Clint Eastwood, pero me resultó imposible poner una de sus caras. ¿Qué será de mi? Hasta el lunes feonautas, gracias por estar ahí.

Agosto 24, 2006

LOS MILAGROS EXISTEN (Jueves, 24 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Si te metes en un buscador de Internet y tecleas la palabra “milagro” te salen 1.700.000 entradas, que se dice pronto. Y si hace dos días me hubiesen preguntado si creo en los milagros hubiese contestado que no. Ya sé que los de Lourdes son muy famosos y hay gente verdaderamente devota pero cuando una nace con esta cara pues...qué os voy a contar, feonautas.
Los milagros son los típicos hechos cuyas narraciones escuchas encantada, aunque siempre les sucedan a otros y no a uno mismo. A ver, y cuando digo milagros no me refiero a levantarme una mañana con una cara diferente- eso no sería un milagro, sería un hecho paranormal- ni a que me toque la Bonoloto, ni que alguien se fije en mi- eso sería un hecho digno de estudio de la mismísima NASA... Para mí, los milagros son causas totalmente perdidas que cuando uno da por abandonadas pues va... y sucede un cambio de rumbo inesperado, explicable y positivo que te devuelve la esperanza y... en mi caso, mi puesto de trabajo.
Sí feonautas, cuando ya me veía haciendo cola en el paro por culpa de la dichosa huevada de mi época universitaria que manchó el visón de la gran señora y madre de mi queridísimo jefe: sucedió el milagro. Mis ángeles de la guarda, mi padre y mi mejor amigo, encontraron la prueba de mi inocencia: una foto. Una foto en la que se ve claramente cómo me interpongo entre los manifestantes y la buena señora cual escudo humano. Una foto en la que se ven mis buenas intenciones. ¿Que cómo es posible que exista esa foto mía? Pues ahí está el milagro.
Creo que ya sabéis que no soporto verme en las fotos, es ver una y ¡zás!... Eduardo Manostijeras a mi lado, es un vulgar aprendiz de corte y confección. Me das unas tijeras y una foto mía y os hago una bolsa de confeti en menos que canta un gallo. Pero parece ser que mientras yo me dedicaba a mi autodestrucción gráfica, mi ángel de la guarda, a mis espaldas, reconstruía mis destrozos. Gracias papá. Feonautas, aunque los padres a veces sean pesados, qué gusto da que velen por nosotros.
Mi día acabó enturbiado por un nuevo asalto del señor Acelga, el hombre de negro, el hermano de la prometida de mi jefe. Su cara y su voz no me gustan un pelo, feonautas. Ya os cuento mañana...

Agosto 23, 2006

SOY CHIVATA Y A MUCHA HONRA (Miércoles, 23 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Soy chivata. Sí. Y sé que si estuviéramos en la cárcel o en una organización mafiosa, me habrían cortado un par de dedos por haberme ido de la lengua. Pero, ¿qué queríais que hiciera, feonautas? Estaba desesperada y lo único que se me ocurrió fue contarle a mi jefe el chantaje de su prometida. Él no daba crédito a lo que le oía. No entendía el abuso de poder que estaba haciendo, además de atentar contra la libertad de expresión y manipular el contenido de una entrevista. A mí, eso no era precisamente lo que más me llamaba la atención teniendo en cuenta que es una práctica habitual dentro de los medios de comunicación actuales. Lo que más me dolía es que ella, siendo mujer como yo, en ningún momento me demostró su apoyo, sino que se limitó a ponerme zancadillas una detrás de otra.
Así que mi jefe me defendió ante ella. (Por fin, se daba la vuelta a la tortilla e iba a ser él el que diera la cara por mí y no al revés, como de costumbre) Y le dijo lo que pensaba de sus métodos periodísticos y acabaron discutiendo por mi culpa. Me sentía fatal por la bronca que tuvieron, feonautas, así que decidí pedirle perdón a mi jefe pero él estaba tan enfadado que me invitó a marcharme. Sí, feonautas, me echó de su lado. Me dijo que mi presencia no hacía nada más que empeorar las cosas. Mi presencia... Esas palabras se me han grabado en lo más profundo de mi corazón...
Al llegar a casa, le conté a mi padre lo que había pasado y mi preocupación por si perdía el trabajo. Él intentó animarme diciéndome las típicas cosas que dicen los padres en estos casos (tú vales mucho, ya conseguirás algo mejor…) Además intentó hacerme ver que, como mileurista que soy, mi cuenta corriente no notaría demasiado la pérdida de empleo. Hubiera querido gritarle que los mil euros me importaban lo mismo que si la selección de jockey sobre patines de Lesoto pasa a los cuartos de final de los campeonatos africanos. A mí lo que me preocupa de que puedan echarme es perder la oportunidad de trabajar junto a él, no tener la posibilidad de poder verle todos los días y, para eso, todavía no estoy preparada. ¿Vosotros lo estaríais, chicos?
Hasta mañana, feonautas.

Agosto 22, 2006

LA FOTO DE LA DISCORDIA. (Martes, 22 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Ya no soy ministra de economía de la revista. Sí, lo sé. Si me acababan de dar el puesto (el viernes, concretamente) pero es que mi pasado me persigue. Y no me refiero al hecho de haber nacido fea. En mi caso, está claro, que hace tiempo que eso ha dejado de perseguirme para acompañarme allá donde voy... Pero es que han aparecido en la revista unas fotos (¿cómo las habrán conseguido?) que han hecho que mi sueño de ascender en la revista se haya esfumado tan rápido como el olor de la colonia barata...
Hace años, en la universidad, me apunté a una asociación contra el sexismo en los medios de comunicación. Nunca he sido feminista, pero creo en la igualdad de oportunidades de los hombres y las mujeres y que, en ocasiones, se utiliza la figura de la mujer como objeto. A pesar de que hubiera preferido apuntarme a el taller meteorológico o al grupo de ajedrez sincronizado, mi mejor amigo me convenció para hacerlo porque estaba enamorado de una de las jefas (¿Por qué no sabré decir que no de vez en cuando, feonautas?) En un acto reivindicativo y para llamar la atención de la susodicha, quemé la portada de una revista como señal de protesta. Y ¿a qué no sabéis qué revista era? EXACTO, la mala suerte vuelve a llamar a mi puerta porque era un ejemplar de la revista donde trabajo ahora. Mi jefe y el consejo de administración entero se han puesto furiosos. ¡Adiós a mi cargo de asesora financiera! Ha sido como un jarro de agua fría. Más. Ha sido como si me hubiera caído un glaciar de tres toneladas encima. Más aún, como si hubiera sido aplastara por la Antártida.
Y cómo me miraban la prometida de mi jefe y su madre, feonautas. No paraban de chillarme, insultarme, humillarme. Me había convertirlo sin saber muy bien cuándo y cómo en la diana, y todos los dardos (muchos de ellos envenenados) apuntaban directamente a mi careto.
La novia de mi jefe me pidió que me retractara de lo sucedido en un artículo que se publicaría en la revista. O lo hacía o acabaría despidiéndome. Ya veis, yo que siempre deseé que mi foto saliera en las páginas salmón de los periódicos y voy a acabar saliendo en una revista de moda y por estas circunstancias...
Sólo espero que se acabe esta pesadilla cuanto antes, feonautas. Hasta mañana...

Agosto 21, 2006

“CLIC” CEREBRAL (Lunes, 21 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
El viernes me tuve que encargar de una misión que habría hecho que el mismísimo James Bond, con licencia para matar, hubiera pedido la jubilación anticipada...
Y es que mi jefe me encargó que aplicara el recorte de presupuestos en los distintos departamentos. Eso suponía tener que enfrentarme yo sola con las tres “panteras” de la empresa dispuestas a merendarme al menor descuido. Pero movida por la fuerza del amor, me armé de valor y como si fuera el mismísimo Tarzán (sin taparrabos, por supuesto) me dispuse a intentar convencer a las fieras de que los recortes eran por el bien de la empresa. Al principio no fue mal. Tanto la prometida de mi jefe como su amigo de juergas hicieron lo que yo esperaba que hicieran. Pasar de mí. Pero a la tercera pantera (director creativo con aires de artista) no le gustó demasiado lo que le proponía y optó por humillarme (Ay, la humillación, mi eterna compañera de viaje junto con la miopía y la torpeza) Así que me ninguneó y me dejó en ridículo delante de toda la redacción. Los feos, carentes de autoestima como yo, normalmente, nos callamos y aguantamos con todo pero, a mí, de repente, algo me hizo “clic” en el cerebro (os juro que lo escuché, feonautas) y me saltaron los resortes como al submarino cuando cierra las compuertas, o cuando se aprieta el botón lanzamisiles. Ya no había marcha atrás y me rebelé y chillé pidiéndole que lo hiciera por mi jefe y su proyecto.
La pantera tuvo que meter el rabo entre las piernas y salir huyendo mientras, el resto de feos de la revista me aplaudían por mi valentía. (¡Viva la solidaridad entre feos!) En ese momento, pensé en hacerme política, luchar por los derechos de los desvalidos, de los inocentes, de los que no tienen voz para gritar. Aunque, de repente, me di cuenta de la realidad. ¡Una mujer en el poder y, encima, fea! Uff, este país no está preparado para eso aún. El caso es que mi jefe, que había escuchado mi defensa de su proyecto, me ha nombrado asesora financiera. ¿Entendéis lo que significa eso, feonautas? Es como ser la ministra de economía de la revista. Estaba tan contenta por el reconocimiento de mi jefe que decidí volver a colocarle en el lugar donde se merece estar. Y de nuevo tengo su foto mirándome desde la estantería.
Hasta mañana, feonautas.

Agosto 18, 2006

¡PLOFF! SE CONVIRTIÓ EN CALABAZA. (Viernes, 18 de agosto de 2006.)

Queridos feonautas:
Volví a salvarle el culo a mi jefe. Y van ya unas... dejadme pensar porque perdí la cuenta. Sé que son más de dos pero menos de seis mil quinientas.
Y es que su prometida se enteró que estaba cenando solo con la súper modelo y, a pesar del desprecio, la humillación y la indiferencia mostrada hacia mí, el corazón pudo más y decidí avisarle del peligro. Corrí desde mi casa hasta el restaurante para avisarle (Para que os hagáis una idea fueron tres trasbordos de autobús y seis paradas de metro a las once y media de la noche)
Al llegar pensé que no tendría palabras después de lo que acababa de hacer por él. Y eso fue lo que pasó, literal. Apenas me dirigió la palabra. Me recibió con una frialdad que hubiera hecho que se congelara el Amazonas en décimas de segundo... Únicamente me pidió que llevara a la “modeluqui” al hotel inmediatamente. Y aunque me hubiera gustado gritarle que ni de broma, que no se lo merecía, mi corazón volvió a latir, bajé la cabeza resignada y acepté llevarla. La humillación era doble porque las dos juntas parecíamos la bella y la bestia, el punto y la i... ¡Cómo nos miraba el taxista por el espejo retrovisor!
Al día siguiente, cuando llegué al despacho, mi jefe, en vez de darme las gracias, me echó la bronca y me pidió que no me volviera a inmiscuir en su vida. ¡No podía creerlo, feonautas! Después de todo lo que había hecho por él, ni siquiera una palabra amable... ¿Por qué?
Me fui a mi despacho muy enfadada. Pensaba que, por lo menos, encontraría el sitio encantador del día anterior donde relajarme pero... ¡la carroza se había convertido en calabaza! El sitio acogedor era, nuevamente, la cueva húmeda y fría del siempre. Si hasta habían vuelto las goteras y las telarañas en los mismos rincones (¿Cómo?)
Me he dado cuenta de que las cosas tienen que cambiar. Sé que le importo lo mismo que la grapadora o el triturador de papeles y no quiero seguir sufriendo. No lo merezco. Así que he decidido tomar medidas: he colocado su foto debajo de una pila de archivadores. Ése es el lugar donde, de momento, de merece estar.
Hasta el lunes feonautas.

Agosto 17, 2006

CERO A LA IZQUIERDA Y MÁS ALLÁ. (Jueves, 17 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
¿Sabéis lo que es sentirse como un cero a la izquierda? Sería lo más parecido a como se sienten los huesos de las aceitunas, o el envoltorio de un chicle o la chapa de una botella de cristal: todo el mundo los ningunea a pesar de lo importante de su función. Pues así es como me sentí ayer cuando mi jefe sólo tenía ojos para la súper modelo italiana de piernas interminables y dentadura perfecta. Era como si un aspirador gigante le hubiera absorbido el cerebro y no viera más allá de su escote. Ni aunque me hubiera puesto delante de él haciendo el pino vestida de tirolesa con catiuscas verdes me hubiera mirado.
El caso, es que, con tal de colmarla de atenciones, mi jefe improvisó un camerino para la susodicha. Y ¿a que no sabéis dónde lo colocó? Exacto, en mi despacho. Sé que no es un sitio muy confortable, apenas tiene ventilación y no huele a rosas, precisamente, pero es mi sitio. Así que, como una desterrada, como una sin tierra, como una nómada, vagué por la redacción buscando un lugar donde ubicarme, o al menos, donde poder dejar mi bolso. Y acabé instalándome en el cuarto de baño mientras mi jefe convertía mi cueva en el lugar más acogedor del mundo sólo para ella.
De repente, mi jefe me llamó a su despacho. Por fin una disculpa pensé pero ¡qué ilusa! Sólo quería que les acompañara a cenar e hiciera de traductora. Os juro que, en aquel restaurante tan lujoso, intenté disfrutar de los Lingüini pero sólo de ver cómo el hombre al que amo babea sin parar delante de otra mujer, (¡Y cómo babeaba! Se podría haber regado media docena de campos de fútbol de primera división...) se me cortó la digestión. ¡Además de que les pillé haciendo “piececitos” por debajo de la mesa! Antes de que me diera tiempo a decirle que no podía soportar aquello y que me iba de allí, él se adelantó y me echó. Estaba claro que sobraba y que habían encontrado la manera de acabar con la barrera idiomática.
Muchos de vosotros (Isa, Vero, Adri... Perdonad, sois tantos que me es imposible nombraros a todos) me decís que mi jefe tarde o temprano se dará cuenta de todo lo que valgo. Sinceramente, después de lo de hoy, creo que eso tan imposible como que el tiempo vaya hacia atrás, la lluvia no moje o los perros acaben hablando.
Hasta mañana, feonautas.

Agosto 16, 2006

MI PEPITO GRILLO Y YO (Miércoles, 16 de Agosto de 2006)

Queridos feonautas:
No tengo suerte feonautas. Ni suerte, ni remedio. Si tuviera que describir mi vida no sabría hacerlo. O sí: Una montaña rusa emocional. Esa es mi vida, tan llena de sobresaltos como la de los toreros que salen en las revistas del corazón. Ahora, no sé yo quién lleva más cornadas si ellos, o yo. Y desde que conocí a mi jefe... más. Me da una de cal y otra de arena. Ayer tocó cal, o arena... es igual, para mi ese dicho nunca ha tenido mucho sentido. Jamás he sabido descifrar cuál es la cosa buena y la mala, si la cal o la arena. En fin...(SUSPIRO Y DE LOS HONDOS)La que me llevé ayer no era de cal, ni de arena... era de hormigón armado. Si hay una cosa que me duele en este mundo es ver sufrir a mi padre, y después... que mi querido jefe me desprecie. Ya sé que lo ha hecho otras veces, pero ayer lo hizo delante de mucha gente y lo más triste es que yo sólo intentaba hacer bien mi trabajo.
¿Que cuál fue el motivo de tan terrible desprecio? Directamente, recordarle que debíamos recortar presupuestos en nuestra empresa. Indirectamente, el motivo, fue una escultural y despampanante mujer. Una de esas que con sólo mirarla sabes que lo tienen todo perfecto. Y no me refiero a una vulgar Todicura como nuestra querida amiga, la cerebro de salmonete, que antes de poner un pie en la calle necesita una sesión de dos horas de “chapa y pintura”. No, esta mujer era de las que está guapa hasta con la legaña pegada. No la conozco, y no sé si su cerebro tiene todas o sólo una neurona funcionando, pero esta mujer era bellísima. Y claro, mi jefe, no iba a dejar pasar una oportunidad así. De lo que no se daba cuenta, es que al contratarla a ella, se nos dispara el presupuesto. Y justo ahora, que nos tenemos que apretar el cinturón en la empresa...este gasto es tan innecesario como una nevera de dos puertas en el igloo de un esquimal.
Creo que hice bien en recordarle que contratarla era un error, pero su contestación me dolió tanto que...os juro que me faltaba el aire. Yo y mi maldito complejo de Pepito Grillo, espero que algún día, sirva para algo más que llevarme disgustos.
Hasta mañana feonautas.

Agosto 15, 2006

QUÉ HACER CON DIEZ MILLONES DE EUROS (Martes, 15 de Agosto de 2006)

Queridos feonautas:
¡Diez millones de euros! Mi jefe ha conseguido diez millones de euros para que nuestra empresa pueda expandirse y él sigue preocupado por esa persona que si aparece puede arruinarle la vida. Yo le comprendo, pero más que su secretaria parezco su psicóloga, porque de las horas que trabajamos juntos me tiro la mitad animándole y apoyándole y, para ser sincera...¡Me encanta! Ayer hice todo lo posible por hacerle ver que hay que tirar “pa´lante”. Que un crédito de esas características no se consigue todos los días y él lo ha hecho. Cada vez está más cerca de su sueño, que es transformar la empresa en una sólida entidad de reconocimiento internacional.
Hay dos cosas que en estos días me han provocado escalofríos y- por temas muy distintos. Una: acariciar la vieja camiseta de mi jefe. Dos: pensar cuántos cartones de leche entera de podrían comprar con diez millones de euros. Lo sé, lo sé... estoy obsesionada con las cuentas del hogar, pero es que... una de las asignaturas en las que saqué matricula de honor fue en economía doméstica y... para esa clase, tuve a la mejor de las profesoras: mi madre. Supongo que este “síndrome de hiper- rensponsabilidad hogareña” está un poco out entre las chicas de mi edad, pero qué le voy a hacer: yo soy así.
Volviendo al tema de los diez millones, (es que me da hasta vergüenza escribir la cantidad)...Con diez millones de euros, seguramente, se podría liquidar la deuda externa de un país del tercer mundo, pero seamos realistas: La gente no piensa en eso cuando citas esa cantidad digna del mismísimo Euromillón.¡La gente piensa en gastar! Yo me he detenido a pensar y, debo de ser muy pava, porque lo único en lo que se me ocurre gastar semejante cantidad es en un coche para mi padre- y así mandar de una santa vez al “italiano” al desguace. Después de eso, mi segunda prioridad sería pagar las letras pendientes de la casa y después...¿Hacerme la cirugía estética integral?(ESTOY PENSANDO...) Creo que no feonautas, me dan demasiado miedo los quirófanos. Y aunque a veces hasta a mi me da miedo mirarme al espejo, hay días como hoy, en los que no me importa en absoluto ser como soy. Que conste que son pocos, por no decir nulos.
Soñad con vuestros diez millones y contadme, feonautas, ¿qué haríais con ellos?

Agosto 14, 2006

ENFERMA DE “CAMISETITIS” (Lunes, 14 de Agosto de 2006)

¡124! Queridos feonautas... Ese es el número de veces que, durante este fin de semana, he restregado por mis mejillas la camiseta vieja de mi jefe. Sí, sí, ya sé que la había lavado y todo, pero... es que no lo he podido evitar: Me la he quedado.
El viernes, cuándo fui a devolvérsela junto con el pañuelo, me dijo que no hacía falta, que la tirase...¡¿Pero cómo iba a tirar yo semejante reliquia?! Sería como tirar a la basura el mítico traje de boda de la difunta Lady Di. Deshacerme de esa camiseta no estaba entre mis planes, os lo aseguro, así que... no me quedó otro remedio que darle cobijo en mi casa. Más concretamente, en mi habitación. Lo único que me falta es encontrarle un sitio seguro y secreto en el que nadie, excepto yo, pueda tocarla, olerla y acariciarla las veces que me de la gana.
Y es que creo, feonautas, que estoy muy enferma. Necesito un médico, y pronto. Uno experto en corazón, y a ser posible con un máster en “Camisetitis”. ¿Que qué es la Camisetitis, os preguntareis? Ni más ni menos que la incontrolable necesidad de estar en continuo contacto con esta vieja prenda de mi jefe. Lo difícil va a ser intentar encontrar una cura porque no puedo parar. Esta mañana me ha costado horrores no ponérmela bajo la blusa. Y he de confesaros, aunque me de mucha vergüenza, que llevo dos noches durmiendo con ella bajo el pijama. Por favor, ¿hay alguien ahí fuera que haya sufrido de una enfermedad similar?¿Cuánto dura?¿Tiene cura? Una vez más, necesito vuestros consejos.
Mira que es curioso, cómo algo tan insignificante y carente de valor para una persona puede alegrarle el día a otra. O mejor dicho, los días, porque llevo el fin de semana completo pegada a la camiseta... Y lo que me queda. Hoy mi jefe ha conseguido un crédito de diez millones de euros, que se dice pronto. En parte, yo he tenido un poquito que ver en eso y me alegra haberle ayudado, pero... mientras su cara resplandecía de alegría ante semejante triunfo, ¿en qué creéis que estaba pensando yo?(Os dejo tres segundos para pensarlo) ¡Efectivamente! En llegar a casa y... oler su camiseta. Nuestros momentos de satisfacción se truncaron cuando mi jefe recibió una llamada que le descolocó por completo... Era de alguien que puede hacer que su vida cambie en menos que canta un gallo.
Os mantendré informados feonautas...

Agosto 11, 2006

NUNCA ME HAN ABRAZADO (Viernes, 11 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Sé que ya os he hablado alguna vez de la humillación, pero es que... parece ser una constante en mi vida. Algo que no me quito de encima. Ojalá la humillación fuese como las manchas de fruta de los manteles, éstas por lo menos salen con lejía... Pero no, la humillación y yo somos inseparables, somos el Dúo Dinámico del nuevo milenio. No me la quito de encima ni saltando en paracaídas.
Sí feonautas, el episodio del albornoz es un nuevo y humillante capítulo de mi vida. Y más cuando la prometida de mi jefe pronunció un: ¿Qué hace ésta con MI albornoz?, por supuesto el “ésta”, llevaba una fuerte y horrible carga despectiva. Podía equivaler a... “ésta babosa de charca”, “ésta ameba inmunda” o alguna otra lindeza similar. La mujer estaba tan fuera de sí que me mandó quitarme el albornoz, pero claro... yo no tenía nada debajo. Decírselo fue casi peor: entró en cólera y encima la tomo con mi pobre jefe cuando éste se ofreció a dejarme una de sus camisetas. Yo no sabía qué hacer. Como les oía discutir decidí ponerme mi manchada y mojada blusa de nuevo. Y... cuando ya me estaba olvidando de la sensación tan extraordinaria que podía haber sido el tener sobre mi piel una prenda suya...él apareció con una vieja camiseta insistiendo para que me la pusiese.
¡Oh, feonautas! A lo mejor os parece una cursilería pero os juro que tener esa camiseta sobre mi cuerpo era como sentir que él me abrazaba. A mi nunca me ha abrazado un hombre que no fuese mi padre o mi mejor amigo, que más que un amigo, es un hermano. Jamás. No me importa confesarlo, además sé que ahí fuera, entre vosotros feonautas, tengo muchas almas gemelas que saben de lo que hablo...¿Verdad, Selene?¿Verdad Señorita Melon?¿Verdad, Lorena?
Creo que esa sensación que tuve ayer, es lo más cerca que voy a estar de un abrazo amoroso en mi vida. Y lo recordaré cada vez que me sienta sola y necesite sentirme querida. Y no es que no me sienta querida, ya sabéis que mi padre me adora... Pero no es ese el tipo de cariño que me gustaría, es otro y sabéis muy bien de quién me gustaría recibirlo. Por lo menos ayer, pude sentirle a través de su camiseta. Me estoy poniendo romántica, es que es viernes y se me hace duro estar todo el fin de semana sin verle.
Buen fin de semana feonautas. Gracias por estar ahí.

Agosto 10, 2006

“CUANDO MENOS TE LO ESPERES...” (Jueves, 10 de Agosto de 2006)

Queridos feonautas:
En una ocasión que mi padre y yo fuimos al centro a disfrutar de tres horas de zarzuela, decidió invitarme a una cena ligerísima, a base de revuelto de morcillas y callos de cordero. Me llevó a su taberna favorita: un antro taurino con mucha solera, que se debía de haber puesto de moda recientemente entre jovencit@s afortunados- esos que no han visto un contrato basura en su vida y piensan que los mileuristas son una leyenda urbana. Pues allí, justo debajo del cartel que anunciaba la famosa corrida en la que Manolete perdió la vida, escuche la dichosa frase de la mano de una optimista empedernida que por lo menos llevaba tres vinos encima: “Ocurrirá, ya lo verás, y... cuando menos te lo esperes”. La optimista, una chica guapísima, se lo decía a la pesimista, otra chica, igual de guapísima, pero con cara de estar sufriendo, y mucho, por amor.
“Cuando menos te lo esperes”. Os prometo feonatutas, que me parecía la peor frase del mundo, la frase que toda persona escucha de su mejor amigo cuando las cosas del corazón van mal y se intuye que pueden ir peor. Por ejemplo: ”Cuando menos te lo esperes... te pide que te cases con él”; “Cuando menos te lo esperes...te dirá que te quiere”; “Cuando menos te lo esperes... te sorprende con un viaje a Cancún”. Claro que éstas, son las versiones para los guapos del “cuando menos te lo esperes”.
La versión para los feos es muy distinta. Hasta hoy pensaba que nuestra única opción del “cuando menos te lo esperes” era unirlo a un “aparecerá alguien que se enamore de ti”, pero estaba equivocada: Ayer, “cuando menos me lo esperaba”...¡Tuve que ir a casa de mi jefe, y estar a solas con él! ¿No es maravilloso? Es cierto que estuvimos trabajando, y eso que el pobre tenía tortícolis y casi no se podía mover, pero estábamos juntos, y... solos. Y... justo “cuando menos me lo esperaba”: me derramó el zumo de tomate sobre la blusa blanca. Me sentí más ridícula que un árbol de navidad en pleno agosto. Lo peor fue entrar en su baño, quitarme la blusa y ponerme un albornoz por lo menos tres tallas mayor. Salir e intentar trabajar con semejante indumentaria fue tan imposible como adivinar el acertante de la Bonoloto de esta semana- y de la que viene. Cuando comencé a sentirme un poquito más a gusto, sonó el timbre de la puerta y tuve que abrir...Y justo, “cuando menos me lo esperaba”, apareció ante mis ojos la prometida de mi jefe... Feonautas,¿porqué tengo tan poca suerte?

Agosto 09, 2006

K.O. TOTAL (Miércoles, 9 de agosto de 2006)

Queridos feonautas:
Los feos siempre tenemos las de perder. Si hay una alcantarilla abierta en medio de la calle, ¿quién va a meter la pierna hasta la rodilla? El feo. Y si una paloma ha comido más de la cuenta y necesita evacuar, por supuesto, es al feo al que le cae en la cabeza la evacuación al completo. Pero y si tu jefe va a pegar a su enemigo, ¿quien se lleva el puñetazo en la nariz? Exacto, la fea. Vamos, yo.
Como lo leéis; se repartían puñetazos y me llevé el premio gordo (yo, que no me ha tocado nada en la vida, hasta para esto tengo mala suerte) Fue un accidente, feonautas, pero allí estaba noqueada por el hombre a quien amo y tirada en medio de la cafetería de la revista como un hueso de aceituna, como una servilleta de papel manchada de grasa, como un palillo...
Ya sé lo que pensaréis, que eso me pasa por meterme y por sacarle las castañas del fuego a mi jefe un día sí y otro también. Y tenéis razón. Yo misma había reflexionado sobre eso y había decidido que, después del desplante del banco, iba a comportarme con él como lo que soy, su secretaria y que me limitaría a atender las llamadas, cancelar citas y llevarle los cafés cuando me lo pidiera. Pero al verle allí, en peligro, y sólo de pensar que ese malvado podía hacerle daño (y desfigurarle su preciosa sonrisa) me olvidé de todo y me lancé como la leona que defiende a sus cachorritos del cazador.
Pero a pesar del puñetazo, el día me reservó algo muy bueno. Mi padre vino a verme a la revista (y, de paso, me trajo el tupper con las croquetas que había olvidado en casa por la mañana) Y me dijo que me perdonaba, que la culpa en parte había sido suya por exigirme demasiado... Sólo de pensar que no me hubiera vuelto a hablar jamás...
Quiero aprovechar para daros las gracias a todos. Aunque penséis que no leo vuestros comentarios, lo hago todas las mañanas y me reconforta saber que me apoyáis y que estáis ahí siempre. Me siento feliz sabiendo que tengo tantos amigos…
Hasta mañana, feonautas.

Agosto 08, 2006

¡NI TITULAR NI ANIMADORA!

Queridos feonautas:
Si hay algo que se repite en la vida de un feo patoso y torpe como yo, a pesar de la evolución de la especie y del desarrollo indiscutible de la tecnología, es el “síndrome del último escogido”. Y es que siempre nos pasa lo mismo: en el momento de hacer equipos para jugar al voleibol, (o balón prisionero, o pañuelo)... el deporte o actividad es lo de menos: Los capitanes eligen a todo el colegio antes que a ti, que te quedas el último esperando que alguno de ellos se apiade y diga tu nombre o suplicando que no seáis impares y te toque hacer de árbitro.
Yo sé bien lo que es eso, lo he sufrido toooodos los días de mi vida escolar. Y aunque pensé que aquello ya había pasado, se ha vuelto a repetir, feonautas, aunque de una manera más cruel. Sin darme cuenta pasé de capitán del equipo a recogepelotas...
Mi jefe iba a pedir un crédito tomando como base el plan de viabilidad que había preparado la semana anterior y, por eso, me pidió que le acompañara al banco. Estaba tan orgullosa, feonautas... No podía dejar de pensar en cómo pagarle toda esa confianza depositada en mí. (¿Quizá casándome con él y cuidándole hasta el final de nuestros días?) Pero... de repente, cambió de idea y se fue con Barbie Todicura así que yo volvía a quedarme la última, haciendo como si no me importara nada cuando tenía ganas de gritar y preguntarle “Pero ¿por qué?” Aunque no hay que ser muy listo para saberlo, feonautas. Pues por lo de siempre: Yo soy la fea y ella queda mejor en las fotos...
Y para rematar un día nefasto, mi padre se ha enfadado conmigo. Al verle tan contento por mi nuevo contrato fijo, me he sentido tan mal que no he podido ocultar por más tiempo la verdad. Así que le he dicho que no trabajo de adjunta a la dirección si no que sólo soy la secretaria... Deberíais haber visto la cara de decepción de mi padre, decepción por una mentira que he mantenido durante meses... Y después, silencio. Hubiera preferido que me gritara, que se enfadara, pataleara pero ese silencio… cómo duele.
Yo sólo espero que mi padre pueda perdonarme…
Hasta mañana feonautas.

Agosto 07, 2006

REPTA, REPTA, CABEZA DE CHORLITO.

Ahora entiendo cómo deben sentirse los montañeros cuando, después de meses de sufrimiento, coronan el Himalaya... Porque yo lo he coronado, feonautas.
Tranquilos, no es que me haya dado ahora por hacer montañismo. Con lo patosa que soy, me caería rodando nada más salir del campamento base, ladera abajo y provocando algún alud. Y al llegar abajo, la gente aterrorizada, correría a refugiarse pensando que ha bajado el mismísimo monstruo de las nieves... No es eso. Es que, después de tantos meses aguantando a Barbie cabeza de chorlito y sus desplantes, sus malos modos y su demostración de que el cerebro, si no se usa, se acartona, por fin, puedo decir que se ha hecho justicia.
Os cuento: El viernes, mi jefe (el ser más justo, más inteligente, más sabio, el Salomón de los jefes, pero es verdad que no soy neutral) le exigió a Barbie Todicura que me pidiera perdón por el robo del balance. Ella (que parece tonta pero cuando le hace chispa la neurona, da muestras de estar muy viva) intentó escaquearse, pero, al final, no tuvo más remedio y me lo dijo: “Perdón”. Así que saboreé mi triunfo como el que saborea el mejor helado de chocolate y plátano con virutas de caramelo por encima. Y sin miedo a que me salieran granos.
Cuando pensaba que nada me podía alegrar más y que ya había tenido mi ración de satisfacción, mi jefe me hizo fija en la empresa. ¿No es genial? ¡Qué sensación de triunfo absoluto! No pude por menos que acordarme de lo mal que lo había pasado en los años en los que no encontraba trabajo, en los curriculums devueltos, en los “ya la llamaremos” o los “no se ajusta al perfil”…
Así que cuando llegué a casa por la tarde estaba tan contenta que me moría de ganas por celebrarlo a lo grande que es como se merecía. Pero, en vez de comer langostinos y beber sidra en el mantel bueno como hace cualquiera, a mí me tocó ir con mi padre al lavacoches. Sí, feonautas, el italiano, mi hermano de cuatro ruedas, ha vuelto como el hijo pródigo. Sigo sin entender el amor de mi padre por ese viejo coche. Estoy convencida de que si pudiera, lo incluiría en el testamento. En fin...
Hoy, es lunes, otra vez. Pero hoy voy a trabajar sabiendo que el esfuerzo ha merecido la pena y tengo mi recompensa. ¡¡UN CONTRATO FIJO!! Hasta mañana, feonautas.

Agosto 04, 2006

¡CIENTÍFICOS DEL MUNDO, UNÍOS!

Queridos feonautas:
Ojala inventaran un mando a distancia con el que pudiéramos controlar nuestras vidas. ¿No os parecería genial poder hacer algo así? (Desde aquí hago un llamamiento: ¡científicos del mundo daos prisa, por favor!) A mí sí y lo primero que haría con mi mando vital sería grabar encima de todas las situaciones desagradables que he vivido: la vez que me hice un esguince porque metí el pie en una alcantarilla, cuando Marquitos, en tercero de EGB, me levantó la falda en plena función del colegio delante de todos (Marquitos, no te guardo rencor pero te pasaste, majo) y la muerte de mi madre… Sobre todo eso...
Aunque para nosotros, los feos, carentes de experiencias emocionantes, la mejor función del mando sería la de vivir una y otra vez esas situaciones que nos sacan de la rutina: que te regalen un brick de leche en el súper, que te haya subido el IPC media milésima o que tu jefe te bese en la boca...
Sí, feonautas, ¡me besó! Me cogió de la cintura, me balanceó hacia atrás con delicadeza, mientras me susurraba al oído: “El mundo se derrumba mientras nosotros nos enamoramos” Y entonces, mis labios notaron los suyos encima y... ¿No cuela, no? Vale, la frase es de “Casablanca” pero ya podría haber sucedido así y no por equivocación como pasó: Fue a darme un beso en la mejilla y, gracias a mi torpeza, me lo dio en los labios. Sé que no tiene mérito y que si existiera un ranking de besos, el beso por equivocación junto al beso por lástima es el que ocupa la peor posición… Pero, yo lo rebobinaría una y otra vez... Al menos, me ha dado un beso... (SUSPIRO)
Además, tengo que deciros que he decidido quedarme en la revista. (Juro que el beso no ha tenido nada que ver, la decisión ya la había tomado antes) Y es que la exposición del plan de viabilidad de ayer fue un éxito. Mi jefe me felicitó y me dio las gracias delante de los accionistas. Por eso no me voy. ¿Dónde mejor voy a estar? O mejor dicho, ¿dónde más me van a querer con esta cara?
El fin de semana descansaré y como no tengo muchos planes, es decir ninguno, le daré vueltas a cómo hacer eso del mando vital. Yo soy de las que piensa que si algo se desea con mucha fuerza, al final, acaba por hacerse realidad. Hasta el lunes, feonautas.

Agosto 03, 2006

¡EAU DE OFICÍN!

Queridos feonautas:
Hoy he soñado que un plan de viabilidad gigante me atacaba. Se acercaba a mí con cara de pocos amigos y me decía: “Puedo contigo y te voy a comer” Me he levantado gritando y empapada en sudor. Lo malo es que sé que no ha sido sólo un mal sueño y que, en cuanto llegue al trabajo, allí estará esperándome otra vez el dichoso informe para darle los últimos retoques.
Y es que llevo dos días con eso, feonautas, y me está empezando a obsesionar aunque... todo el esfuerzo se vio recompensado ayer con creces: ¡Mi jefe me estuvo ayudando a hacerlo! No salimos del despacho ni para comer. Pidió que nos subieran unos bocadillos para no perder tiempo. Qué sensación indescriptible poder trabajar juntos, mano a mano. Qué bien saben los bocadillos integrales de pavo con lechuga iceberg si los puedes comer junto a él... Es más de lo que podría haber imaginado nunca; yo me conformaría con compartir con él el mismo ascensor, la misma ciudad o incluso la misma galaxia... (SUSPIRO)
En un momento determinado, mi jefe, interesado por unos datos que aparecían en la pantalla del ordenador, se acercó a mí para verlos mejor. ¡Nunca había tenido a un hombre tan cerca, feonautas! (Sin contar mi padre y mi ortodoncista, claro) Ni dos centímetros separaban nuestras caras… ¿Cómo describiros esa sensación única, esa situación de intimidad entre nosotros? La palabra sin duda es... ¡pavor! Si, sé que debería haber disfrutado del momento, haberme dejado llevar y escuchar el latido de su corazón, su respiración... Pero me entró miedo y no podía dejar de pensar: ¿Y si no le gusta mi colonia? ¿A lo mejor me he echado mucha? ¡Diosssss! ¿Y SI YA NO HUELO A COLONIA Y HUELO A...? ¡Qué horror…! Nerviosa, le pedí permiso para retirarme y continuar yo (Él nunca debe saber el verdadero motivo) y así pude relajarme en la soledad de mi despacho.
A pesar de todo, estoy contenta y me marcho de la revista con la cabeza muy alta sabiendo que mi jefe me valora como secretaria. (Aunque sólo como secretaria y no como mujer...) Pero mirándolo desde el lado positivo ya tengo algo que poner en el currículum, en el apartado experiencia. ¡Y menuda experiencia! No la cambiaría por nada del mundo…
Un saludo feonautas.

Agosto 02, 2006

LOS QUE AGACHAMOS LA CABEZA

Hola feonautas:
¿No estáis hartos de agachar la cabeza? ¿De ir por la vida encogidos de hombros, encorvados, escondiéndonos de tod@s como si fuésemos el Jorobado de Notre Dame? Pues yo estoy hasta las narices, pero llevo tantos años siendo así que... no sabría ser de otra manera. Es como si a Chiquito de la Calzada le dijesen que tiene que contar chistes pero sin su muletilla universal: ¡Candemoooor! Dejaría de ser Chiquito. ¿Dejaría yo de ser Bea si fuese más recta por la vida y pudiese mirar a los ojos a la gente sin tener que agachar la cabeza a los cuatro segundos? Esperad, esperad, que tengo más preguntas:
¿Los que agachamos la cabeza tenemos un problema de actitud y aceptación con nosotros mismos o es que la gente nos da tanta vergüenza que la cabeza gacha y el encorvamiento es un puro mecanismo de defensa? Espero poder leer vuestras opiniones al respecto, porque las necesito feonautas, las necesito.
He tenido que decirle a mi jefe con cabeza y orejas gachas, que me presentaba mi renuncia. Ni sabía cómo, ni podía decirle que la culpa de semejante decisión es haber escuchado los planes secretos de dos colegas muy cercanas a él. No podía decirle que hay gente cuya máxima satisfacción es conseguir que me echen de la empresa. Lo siento, pero antes de que eso ocurra, prefiero irme yo. Lo peor de todo es que se lo ha tomado fatal y... como castigo, me exige que termine el plan de viabilidad que me encargó.
No tengo opción feonautas, porque nuestra amiga la rubia oxigenada uni-neuronal no conseguiría hacer un plan de viabilidad ni después de tres masters. No es una cuestión de estudio, lo una cuestión de cerebro. Y el suyo es como el de un salmonete de roca. Y que me disculpen los salmonetes.
Y... una vez más, estaba dispuesta a salvarle el culo a mi jefe ante la junta de accionistas, llevándome trabajo a casa y realizando el plan de viabilidad cuando... Va el listo de mi padre y... ¡¡¡Zas!!! No sé qué ha toqueteado, todo lo que llevaba avanzado del plan se ha esfumado... Me espera una laaaaaaaaaarga noche.
Un consejo feonautas, nunca dejéis a vuestros padres solos delante del ordenador.

Agosto 01, 2006

ZAPATO DE CENICIENTA

Feonautas: ¡No os vais a creer lo que pasó ayer! Estoy completamente desolada. La pécora de la Barbie Todicura, nuestra querida mujer sin cerebro... parece que sabe usarlo, y no precisamente para dividir el átomo, sino para hacer el mal. Ha tenido la desfachatez de apuntarse un tanto que no es suyo.¿Habéis pasado por eso alguna vez? ¿Habéis trabajado en algo toda la noche para que luego venga un listillo y diga: “lo hice yo”? Es humillante. Tan humillante como...como cuando la madrastra de Cenicienta la encerró en su cuarto mientras sus hermanastras se probaban un zapato que no era suyo. Bien feonautas, pues ese zapato es mío: el balance lo hice yo. Pero no tengo cómo demostrarlo, he intentado convencer a mi jefe y a su prometida que es obra mía pero... no me han creído. Me encantaría coger a Lady Silicona y... y... No sé qué le haría. Nunca le he deseado mal a nadie, ¿por qué se empeña la gente en hacerme daño a mí? ¿Es que llevo escrito en la cara, “Por favor, métete conmigo”?
Tras mucho pensar he llegado a la conclusión de que he sido el felpudo emocional de mucha gente a lo largo de mi existencia. El lugar perfecto donde echar unos insultos y aliviarse. Más o menos como el Vomitorium de los romanos: un lugar para ir, descargarse, aliviarse y... seguir con la actividad normal.(Ahora imaginaos una musiquilla de circo) ¡Pase por Bea, hágala picadillo, verá como usted se siente mejor! Si me hubiesen dado un euro por cada insulto y cada desprecio del que he sido víctima, ahora mi padre tendría un Mercedes CDI último modelo, no un SEAT Supermirafiori del año 81.
Por cierto, mi hermano ha muerto. Ya sé que no os había dicho que tenía un hermano, pero lo tengo, o mejor dicho, lo tenía: es italiano, tiene 25 años y 615.000 kilómetros. Ayer, su motor no pudo andar un metro más. Decir que mi padre le quería tanto como a mi sería exagerado, pero... jamás había visto a un hombre acariciar a un coche como si fuese un hijo.
Un día con tantas emociones no podía acabar relajadamente, claro que no: Estando en el bañó escuché una conversación comprometida entre cerebro de guisante y... bueno, otra persona importante, alguien muy vinculado a mi querido jefe. Sabían Barbie no hizo el balance y no se lo dirán a mi jefe. No sólo quieren hundirme feonautas, quieren conseguir echarme. Ojalá pudieseis ayudarme. Sé que no podéis pero... gracias por estar ahí, de verdad.

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