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Septiembre 29, 2006

EL BICHO DE LOS DIENTES GRANDES (Viernes 29 de Septiembre)

Queridos feonautas:

Dos meses en el mundo laboral han sido para darme suficientes para cuenta de que es lo más parecido a una selva, donde el bicho con la pinta más inofensiva, te arranca una mano de un mordisco. Ese bicho, en la revista donde yo trabajo, es un señor, con evidentes problemas endocrinológicos y respiratorios, que no sale mucho de su despacho y se pasa el día jugando al solitario en el ordenador y metido en páginas de esas... de chicas desnudas, vamos. Pues ese señor que se apellida Olarte y es el director financiero de la revista, resulta que les envió un informe falso a los mexicanos con la clara intención de hundir el proyecto empresarial de mi jefe. Mi jefe, claro, tuvo que darle una patada y sacarlo de la oficina para que no siguiera dando mordiscos.

Pero ese bicho ha pedido ayuda a otro con los dientes más grandes. El padre de mi jefe. No, no quiero decir que tenga una dentadura desproporcionada sino que es bastante mas peligroso. Está mañana nos ha visitiado por sorpresa y estaba de muy mal humor, y por alguna razón me miraba como si yo le hubiera hecho algo, como si le hubiera rayado el coche o hubiera utilizado sus palos de golf para partir nueces. El padre de mi jefe le ha pedido que vuelva a readmitir al señor Olarte y cuando mi jefe se ha negado, su padre le ha dicho que debería presentar la dimisión. La dimisión¡¡ Al oir esa terrible palabra he sentido una especie de flojera estructural que me ha sentado de culo en la silla.

Queridos feonautas, pensar en que mi jefe podría dimitr me produce escalofríos, hace que me suden las manos y los pelos de los brazos se me pongan tiesos como escarpias. Si lo hiciera no le volvería a ver nunca más, no volvería a despertarle por las mañanas... es que esta mañana cuando he llegado a la oficina me lo he encontrado durmiendo en el sofá de su despacho. Me acerqué sin hacer ruido hasta que mi cara estaba a pocos centímetros de la suya...y entonces ha dado un resoplido y he tenido que saltar hacia atrás para que no se diera un buen susto al verme allí. Hubiera estado toda la mañana viéndole dormir pero al final he tenido que despertarle.

Soy yo la que tengo que despertar. Queridos feonautas, se que se avecinan momentos difíciles y mi jefe va a necesitar de todo mi esfuerzo para salir de está situación comprometida. En el fondo soy una egoista. No lo hago por la empresa sino porque la vida sería insoportable lejos de él. Hasta el lunes feonautas.

Una fea dispuesta a todo.

Septiembre 28, 2006

HUESOS DE BLANDI BLU. (Jueves 28 de Septiembre)

Queridos feonautas:

¿Forman nuestros jefes y compañeros de trabajo una especie de segunda familia? Es posible, al fin y al cabo nos pasamos con ellos un montón de horas al día en un espacio reducido. Y si el roce hace el cariño, en una oficina acabas rozandote lo bastante como para que te salgan pelotillas en todos los jerseys y se celebren bodas, bautizos y comuniones. Las estadísticas apoyan esa idea. Los médicos se casan con otros médicos o enfermeras, los periodistas se casan con otros periodistas, los mecánicos...los mecánicos lo tienen más difícil, reconozcámoslo. Y, ¿las secretarias se casan con sus jefes? Porque la verdad, amigos feonautas, es que la única persona de mi oficina que me gustaría que fuera de mi familia, es mi jefe. Con él formaría una familia, con él tendría un montón de niños y una casita con jardín, con él me pasaría hasta la última hora del resto de mi vida. Pero, no nos vamos a engañar. Para que eso ocurriera tendríamos que seguir trabajando juntos durante un par de siglos y rozarnos a base de bien.

Antes de salir de la oficina me ha pedido perdón y me ha preguntado si le guaraba rencor por su plantón en la cena de la otra noche. ¿Cómo voy yo a guardarle rencor si le amo? Si es el hombre más maravilloso del mundo, si con sólo sonreirme hace que se me acelere el corazón, se me entrecorte la respiración y los huesos se me vuelvan de blandi blu. No puedo guardar rencor a la única persona que da sentido a mi vida.

Un consejo feonautas: los que no hemos tenido mucha suerte en la lotería genética y sufrimos suficientes rechazos y humillaciones en el camino de la vida como para acumular más veneno que una familia de cobras de cascabel, podemos sentir, con justificación, un rencor enorme con el mundo. Guardarnos ese rencor sólo sirve para convertirnos en personas amargadas y desdichadas, y no es bueno ser así. Hay que soltarlo, hay que echarlo fuera de nuestros corazones y tratar de ser felices.

Hasta mañana feonautas.

Septiembre 27, 2006

ROSAS Y CUPONES DE LOS CIEGOS. (Miércoles 27 de Septiembre)

Queridos feonautas:

Hoy he hecho algo que en realidad no quería hacer. Pero es que estaba tan furiosa y al mismo tiempo me sentía tan dolida después de averiguar en la cara de mi jefe que, lo que me había dicho Barbie cerebro de lenteja sobre su plantón de la noche anterior, era verdad que mi orgullo me llevó a decir cosas que en realidad no quería decir. Mirando a los ojos a mi jefe le he dico que nuestra relación será a partir de ahora exclusivamente profesional, que no tenemos porqué ser amigos y que no debe tener ninguna deferencia conmigo. Jo, que metedura de pata ¡ Él habrá pensado: “pues vale, pues muy bien, pues perfecto”. O peor, habrá pensado “¿qué se habrá creído esta?”.

No, es imposible que haya pensado eso, los hombres como mi jefe no son tan perspicaces, feonautas. Los hombres como mi jefe cuando se sienten culpables tratan de arreglarlo con comidas y regalos. Y mi jefe nos invitó a mi padre y a mi a una comida en un restaurante. Yo fui porque no puede localizar a mi padre, que estaba lo suficientemente cabreada como para decirle a mi jefe que me había decepcionado profundamente. Pero bueno, acepté. Y de camino hasta el restaurante nos pasó una cosa curiosísima. Una vendedora de flores trató de que mi jefe comprara una rosa para su novia. Y cuando dijo novia se refería a mí, es decir, me confundió con su novia. A mí. Vaya idea. Una de dos o era un ciego disfrazado o se había bebido más orujos que Ernesto de Hannover en la fiesta de la Cruz Roja. Al menos por la cara que puso eso fue lo que pensó mi jefe.

Aunque lo realmente dramático vino después. En el restaurante, mi padre sacó un discursito escrito del bolsillo de su chaqueta y se puso a leer como el Rey en Nochebuena, con toda naturalidad. Y para rematar la faena le enseñó una fotografía de cuando estaba estudiando cuarto de la EGB. Si me quedaba algo de orgullo, en ese momento se evaporó.

Mi jefe como notaba que yo seguía cabreada se mostró encantador y le dijo a mi padre que yo era una estupenda trabajadora, su mano derecha en la empresa. Eso fue segundos antes de recibir una llamada del grupo tamarindo y me da en la nariz que no son muy buenas noticias. Tengo que dejaros, feonautas. Hasta mañana.

Bea

Septiembre 26, 2006

DE BRUCES CON LA REALIDAD. (Martes 26 de Septiembre.)

Queridos feonautas:

En la vida de una pobre chica fea de barrio hay tantas decepciones como calorías en un guiso de callos en salsa. Tropocientasmil. Y pensar que sólo hace unas horas erá inmensamente feliz. Mi padré había salido de la cárcel y estábamos esperando a mi jefe para cenar. La casa estaba limpia y ordenada, la mesa nos había quedado preciosa con el mantel favorito de mi madre y los langostinos extra tenían ese brillo único de los alimentos recién descongelados. Mi padre estaba tan arreglado que parecía que venían de visita oficial el Príncipe y Doña Letizia. Y yo tenía puesto uno de los vestidos de mi madre, el azul, e incluso me habia dado brillo de labios y me había maquillado. Todo estaba preparado para recibir a mi jefe... Sin embargo no llegó. Después de esperar durante hora y media, le telefoneé preocupada por que hubiera podido pasarle algo (que nuestro barrio no es precisamente famoso por su seguridad) y me dijo que no podía venir, que una reunión con Don Gonzalo le tenía atado a la mesa de su oficina. Fue una pequeña decepción pero los grandes hombres de negocios no pueden disponer libremente de su tiempo de ocio. Al menos, eso quise creer.

Pero al llegar a la oficina, Barbie Todicura, no pudo morderse la lengua y me soltó que mi jefe no había estado en ninguna de reunión de negocios con Don Gonzalo, sino en la fiesta de cumpleaños de Richard, el director creativo de la revista en la que trabajo. Corrí a su despacho de mi jefe y al entrar, ví en sus ojos que lo que había dicho Barbie Todicura era verdad. Supongo que no puedo culparle por haber preferido una fiesta moderna y divertida con sus amigos a cenar en mi casa con mi padre, con Santi y conmigo. Cualquier persona haría lo mismo si le dan a escoger entre champan y tinto de verano, entre canapes de caviar del auténtico o del falso, entre langosta y callos, por muy caseros que estos sean. Nadie mejor que yo debería estar acostumbrada a que me pasen estás cosas. Cuando era pequeña y celebraba mi fiesta de cumpleaños todas las niñas de mi clase se ponían enfermas repentinamente con los más extraños virus y al final me comía la tarta sola. Ya os digo que el rechazo me resulta cruelmente familiar pero, de él no me lo esperaba.

Que tonta he sido, envuelta en todo tipo de fantasías y sueños cuando realmente, un hombre como él no puede desear nada de una mujer como yo. Esa es la verdad.

Una fea que se ha dado de bruces con la realidad.

Septiembre 25, 2006

GRACIAS, MICROORGANISMOS.( Lunes 25 de septiembre.)

Queridos feonautas:

Dentro de unos pocos minutos mi jefé llamará a la puerta y lo primero que verán sus ojos será a mí, con el vestido azul de mi madre, que por cierto, mi padre tenia razón y me queda como un guante. Quién me iba a decir que Don Álvaro cenaría en mi casa, en mi mesa, sobre el mantel favorito de mi madre, el que ella bordó a mano... No lo sacábamos desde... su último cumpleaños. Estará orgullosa de que lo pongamos en una ocasión tan especial: Una cena con mi amado. Sé que todo saldrá bien: ella cuidará de mí.

Aun así, estoy muy nerviosa. Hace un minuto mientras me maquillaba (lo habéis leído bien, por fin he conjugado el verbo maquillar en primera persona) me temblaban tanto las manos que he estado a punto de clavarme la sombra de ojos en mitad de la retina. Aunque el más emocionado por la llegada de Don Alvaro es mi padre. Me ha ayudado a limpiar la casa, a poner la mesa, incluso ha planeado el menu: langostinos extra – congelados, caviar del falso (hubiéramos tenido que hipotecar la casa para comprar cien gramos del auténtico) y como plato fuerte, sus famosos callos. Le he visto tan feliz que sólo por eso ya ha merecido la pena organizar esta cena.

Además he tenido un golpe de suerte. Y esa es una cosa bien rara en la vida de una fea y marginada como yo, acostumbrada a que los golpes sean contra el asfalto. La prometida de mi jefe que también estaba invitada se ha sentido indispuesta (los ricos dicen eso cuando enferman). Al parecer un bicho tropical le ha atacado el estómago. Si fuera verdad, mañana mismo me haría socia de cualquier ONG que luche por la conservación de los microorganismos tropicales. Aunque, yo creo que se trata de una excusa para no venir a mi casa. Y la verdad es que me alegro. Por lo menos mañana no tendré que soportar las bromas de ella y su amiga la Barbie todicura sobre la decoración de mi casa o los callos de mi padre.

Existia o no el bicho tropical, lo importante es que mi querido jefe sí que viene. Y sólo. Quiero dejar volar mi imaginación. El vestido de mi madre será mi pasaporte hacia la buena suerte...hacia una noche mágica con él... Hoy es mi gran día: mi padre está libre y mi amado cenará conmigo esta noche... ¿Qué más puedo pedirle a la vida?

Una fea afortunada.

Septiembre 22, 2006

CUATRO PALABRAS. (Viernes 22 de Septiembre)

Queridos feonautas:

Estoy muy emocionada y muy nerviosa. Hoy ha sido un día increíble. Uno de esos en los que una piensa que el mundo es un lugar maravilloso para vivir. Hace poco leí en un periódico que se había hecho una encuesta sobre la palabra más bonita del castellano. Ganó AMOR. Pero después de amor, las que recibieron más votos fueron LIBERTAD, PAZ y VIDA. Es curioso, pero esas cuatro palabras resumen lo que ha sido el día de hoy para mí.

Como suele decirse, la balanza de la justicia se inclinó hacia mi padre. Y estoy segura de que el informe del Doctor Cicatrices ha pesado más que una vaca en brazos. El Señor Acelga retiró la demanda por el “cheque sin fondos”. No sé si podréis imaginaros lo que sentí cuando el juez dijo que le iban a dejar en Libertad. Libertad, qué palabra tan bonita, lo bien que suena. ¿No lo habéis pensado nunca? Libertad.

En ese momento, mi jefe estaba a mi lado, a un paso de mí. Me hubiera gustado abrazarle, pero no está bien que una secretaria abrace a su jefe y menos en público. Mi padre ha dicho que es “un señor de los pies a la cabeza”. Yo lo diría de otra forma es “el hombre más maravilloso del mundo”. Por un hombre así una sólo puede sentir una cosa, amor.

Después, el reencuentro con mi padre fue tremedamente emocionante. Por fín puede abrazarle y besarle. Le he echado mucho de menos. Se me saltaron las lágrimas pero esta vez de alegría. De una alegría tan grande como la misma vida.

Fue en la cafetería de la revista, con toda la gente de la oficina mirando y hasta aplaudieron. Me dio una vergüenza. Aunque para vergüenza la que sentí inmediatamente después. Mi padre cometió otra de sus meteduras de pata: invitó a mi jefe a cenar. Y a su prometida también. Traté de evitarlo pero mi padre es como una botella de gaseosa agitada, que en cuanto abres el tapón se dispara el gas y te quedas toda pringada. Así que ahora estoy pringada en la preparación de una cena para mi jefe y su prometida. Así es mi vida, no tengo ni un minuto de paz.

Hasta mañana feonautas. Una fea feliz.

P.D. He notado que tengo la piel más seca, ¿creeis que es de llorar tanto?


Septiembre 21, 2006

EL DÍA DE LA MARMOTA. (Jueves 21 de septiembre.)

Queridos feonautas:

No os podéis imaginar lo que me pasó ayer en la oficina. Era muy tarde y mi jefe y yo esperábamos a que llegara el “Doctor Cicatrices”, el medicucho que firmó el falso parte de lesiones del Señor Acelga. Mi jefe insistió en que no se movería de la oficina hasta que apareciera. Pero los minutos fueron pasando y luego las horas y nosotros dos sentados en el sofá. Y entonces, mi jefe se durmió y su cabeza fue resbalando hasta que se posó mi hombro. Y allí estaba él, feonautas, el hombre que protagoniza todos mis sueños, durmiendo como una marmota sobre mi hombro. No os podéis imaginar lo que sentí al tenerle tan cerca... Me hubiera gustado abrazarle, decirle Alvaro, te quiero, soy tuya hasta la última fibra de mi ser.

Pero se despertó, y como pensamos que el medicucho ya no vendría nos marchamos a casa. Otra vez mis esperanzas de salvar a mi padre por los suelos. Cuando entré por la puerta me sentí más desolada y triste que nunca. Pero sobre todo, arrepentida. Arrepentida por no haberle dicho a mi padre lo mucho que le quería, por no abrazarle más a menudo, por no haberle dado un beso todas las noches antes de acostarme... Arrepentida porque ahora no puedo... Por eso, feonautas, decid siempre a las personas que queréis lo mucho que las queréis y las necesitáis. Antes de que sea demasiado tarde...

Sin embargo, el nuevo día amaneció con una gran noticia. Estaba yo en bata y pijama cuando mi jefe me llamó desde la puerta de mi casa. Si el vestirse fuera prueba olímpica, feonautas, yo habría pulverizado el record del mundo. En la calle mi jefe, guapísimo, me dio la gran noticia. Tenía, no se como, un informe firmado por el “Doctor Cicatrices” en el que asegura que las lesiones del Señor Acelga son falsas. Me dio tanta alegría que me lancé en sus brazos como una tonta. Me pegué a él como una tostada con miel del suelo de la cocina. Hasta que note que me había dejado llevar demasiado por la euforia y que la situación era un poco incómoda para los dos.

El caso es que volamos hasta el juzgado y se lo entregamos al Juez. Al principio no quería admitir el documento porque ese no era el procedimiento a seguir, porque necesitábamos un abogado, porque la burocracia... Entonces, sentí una impotencia tan grande que algo dentro de mi cabeza hizo click y exploté. Le dije al juez todo lo que se me pasaba por la cabeza, que aunque para él sólo fuera el número de un caso de estafa mi padre estaba sufriendo por un delito que no había cometido, que la burocracia y los procediientos legales no podían ser una excusa para mantener a un hombre inocente en la cárcel... No sé cómo lo hice pero creo que logré convencerle.

Confío en que todo va a salir bien porque si la justicia lleva ese nombre será por algo. Hasta el lunes, feonautas.

Septiembre 20, 2006

ARRIBA Y ABAJO. (Miércoles 20 de Septiembre.)

Queridos feonautas:

Mi vida se ha convertido en una montaña rusa emocional, en la neurona de una ciclotímica; tan pronto estoy arriba como abajo. En sólo unas horas paso de la más absoluta desesperación a la felicidad más extraordinaria. ¿No os ha pasado nunca feonautas?

Sólo cuatro horas después de que se lo llevaran de los juzgados esposado fui a ver a mi padre a la cárcel. La cárcel es tan sórdida, triste y da tanto miedo como esperaba. Mi padre trataba de hacer que no pasaba nada pero yo le conozco como si nos hubiéramos pasado 27 años juntos y sé que estaba asustado. Un pobre hombre que no ha hecho nada en su vida rodeado de ladrones, asesinos, violadores y concejales de urbanismo no puede estar de otra forma. Se me llenaron los ojos de lágrimas y eso que traté de hacerme la fuerte para que no se diera cuenta y se pusiera a llorar él también.

Después volví a mi casa y sorpresa, las chicas de la oficina, el “club de la soledad” al completo, se presentaron en mi casa. Debe ser eso que llaman “solidaridad femenina”, algo que yo desconocía porque nunca he tenido una amiga. Qué triste ¿verdad? tener tantos años y escribir que nunca he tenido una amiga de verdad. Me vino fenomenal porque pude desahogarme a gusto y les conté todo con pelos y señales: el accidente con el coche, el cheque sin fondos, el chantaje del Señor Acelga, sus mentiras, cómo mi amigo Santi le había descubierto boxeando en el gimnasio, lo de la foto... Y a una de ellas se le ocurrió que Benito, el eterno becario de la revista, podría hacer algo para recuperar la fotografía del maltrecho teléfono de Santí.

Corrí hasta la oficina con el corazón en un puño y la prometida de mi jefe estuvo a punto de sacármelo del pecho. Me reprendió en plena oficina por hacer que mis problemas personales impliquen al personal de la revista. En el fondo, claro que me di cuenta, está un poco celosa porque mi jefe está volcado tratando de salvar a mi padre de la cárcel. ¿Celosa? ¿De mí? Dios mío esta si que es una sensación nueva para mí. Entonces apareció mi jefe y me salvó de las garras de su prometida. Y lo mejor de todo es que Benito logró rescatar la fotografía del señor Acelga boxeando y mi jefe llamó al “Doctor Cicatrices” y le puso -y esta vez es la buena- entre la espada y la pared. (Suspiro) Si hubierais visto feonautas con qué seguridad en sí mismo habló, con qué aplomo...Si yo hubiera sido un muñequito de chocolate de los que se cuelgan en el árbol de Navidad me hubiera derretido, podeís creerme. Todavía me queda alguna esperanza de salvar a mi padre. Mañana os seguiré contando...

Una feonauta derretida.

Septiembre 19, 2006

ONE MIL EUROS BABY. (Martes 19 de Septiembre)

Queridos feonautas:

4 horas son 240 minutos. A Kleenex por minuto voy camino de gastarme todo mi sueldo milerurista en pañuelitos de papel. La imagen de mi padre esposado a la salida de los juzgados me produce una catarata lagrimal de tal calibre que me estoy deshidratando de tanto llorar y llorar. Al volver a mi barrio caminando pasé por delante del videoclub. En el escaparate tenían en oferta un ciclo de tres películas de guerra, de las que le gustan a mi padre y, ¿a que no sabéis cuales eran los tres títulos?. ”De aquí a la eternidad” “El día más largo” y “Doce del patíbulo”. Si lo hacen a posta no les sale. Me dieron unas ganas de llorar que salí corriendo y no paré hasta que llegué a mi casa. Al entrar por la puerta todo se me vino encima. No, no es que se cayera la escayola del techo, que eso sería lo que faltaba, sino que todo me recordaba a mi padre. Su taza del desayuno, la foto que tenemos en el aparador del salón, la plancha que utiliza como un exprime limones, todo... Y claro, ya no pude parar de llorar.

Menos mal que tengo a mi fiel amigo Santi. Él me ayudó a sacar fuerzas de donde no las había. Los que no lo tenemos fácil en la vida, feonautas, sabemos que muchas veces cuando la situación es desesperada hay algo dentro de nosotros que nos anima a hacer cosas que pensábamos que no éramos capaces de hacer. Y yo iba a luchar por mi padre como nunca lo había hecho, si era preciso iba a arriesgar mi vida. Yo tenía un plan. Siempre es necesario tener un plan. Lo he visto cien veces en las películas. El mío era entrar en ese gimnasio, recuperar el móvil de Santi y demostrar ante el juez que todo era una mentira, que el odioso Señor Acelga estaba mintiendo como un bellaco.

Vale, al plan le faltaban unos cuantos cabos por atar pero hasta que no llegué a la puerta del gimnasio no se me ocurrió que me estaba metiendo en la boca del lobo. Allí había un hombre enorme, como de 110 kilos de peso y 110 gramos de cerebro. Por un momento pensé que aquel trozo de carne atiborrada de clembuterol y anabolizantes me iba a soltar un mamporro que ya veía las gafas y el aparato de ortodoncia volando por los aires. Sin embargo, escuché una voz que decía “Sé fuerte Bea, sé fuerte”. Queridos feonautas, no sé de dónde salió esa voz pero respiré profundamente y... me hice pasar por una intrépida periodista, ¿podéis creerlo?. No sabéis los nervios que pasé, lo rápido que me latía el corazón, como me temblaban las rodillas... Al final conseguí quitarle el teléfono y salí de allí como en las películas de asaltos a bancos americanas pero en versión cutre, vamos que en la puerta no me esperaba un cochazo con el motor encendido sino la moto de Santi haciendo pof, pof, pof... Por lo menos me merezco el título de One Mil Euros Baby.

Aunque a veces las películas tienen un final triste. La foto del móvil que Santi le hizo al señor Acelga no sirve para nada. Mi padre está perdido... o, ¿no?. Mañana seguimos hablando feonautas.

Bea

Septiembre 18, 2006

CON LAS MANOS EN LA MASA. (Lunes 18 de septiembre)

Queridos feonautas:

¿No os gustaría tener una máquina del tiempo para saber lo que va a pasar mañana y poder cambiarlo si no os gusta? Se podrían evitar guerras, accidentes ó catástrofes familiares como que tu padre vaya a la cárcel. Ay (suspiro) si anoche, cuando mi padre se fue a la cama, yo hubiera podido ver lo que iba a pasar en el juzgado... En lugar de amasar croquetas para un regimiento habría removido el cielo y la tierra para encontrar las pruebas que demostraran su inocencia. Pero yo, ingenua de mí, estaba ahí, con las manos en la masa, es decir, enharinando croquetas, sin imaginar cómo el lado tenebroso de la fuerza conspiraba contra nosotros. Qué queréis que os diga feonautas, visto el efecto de las albóndigas en el corazón de mi jefe, una intenta aprovechar sus puntos fuertes. Y el mío es la cocina casera, de momento.

Con las manos en la masa y con las hormonas disparadas a tope. Amasar croquetas no es lo más sensual del mundo, pero no sé qué me pasó que empecé a imaginarme que era Demi Moore en “Ghost”. Mi jefe, claro, era Patrick Swayze, abrazándome por detrás con sus varoniles manos, su torso desnudo en mi espalda, su respiración en mi cuello, sus labios tan cerca de los míos... Qué sofoco¡¡¡ Mi sueño había comenzado como “Ghost” y tenía toda la pinta de acabar como “El cartero siempre llama dos veces”... pero llamaron a la puerta y no era el cartero. Era Santi que venía el pobre magullado y dolorido después de que el Príncipe de las Tinieblas le hubiera dado una paliza en el gimnasio. Y encima le habían quitado el móvil con la foto que demostraba que el señor Acelga no tiene ninguna lesión cervical, que todo es una sucia mentira. Pero yo estaba distraída y tan confiada de que todo saldría bien, que con foto o sin foto el odioso Señor Acelga pagaría por sus horribles actos de sabandija, que todo su maligno plan para hacer daño a mi jefe utilizando a mi pobre padre fracasaría...

Debí ver la señal de que algo marchaba mal cuando apareció chuleándose en los pasillos del juzgado con su cara de gusano soberbio. Fue una señal que yo ignoré, distraída como estaba al menor contacto con mi jefe. Porque hubo contacto. Mi jefe me cogió la mano. La unió un momento a la suya. Yo no daba crédito, sólo la cogió unos instantes pero para mí fue casi una eternidad.

Y entonces llegó el mazazo, mi padre apareció esposado a la salida del juzgado. Le prometí que sería fuerte pero yo no soy fuerte, feonautas, no lo soy. Confío en mi jefe, pero lo cierto es que mi padre está en la cárcel y yo no puedo hacer nada por él. A pesar de que todos me animasteis y sé que hice lo correcto, sólo puedo pensar que soy la culpable y me siento horriblemente mal. ¿Qué voy a hacer? Necesito vuestros consejos.

Una feonauta ahogada en lágrimas.

Septiembre 15, 2006

BOXEO EN EL INFIERNO. (Viernes 15 de septiembre.)

Queridos feonautas:

El Príncipe de las Tinieblas es boxeador. ¿Boxeador? Estoy la mar de sorprendida. Si me hubieran dicho que se dedicaba a sacar sangre a las ancianitas para venderla en el mercado negro, que era el propietario de un taller textil donde explotan a trabajadoras chinas ilegales o que participa en sesiones de magia negra, me hubiera sorprendido menos, pero... ¿boxeador?. Este increíble descubrimiento se lo debo a mi amigo Santi, que yo creo que el pobre se está metiendo en un lío por mi culpa de mucho cuidado. Y él no está preparado, que siempre ha sido un cobardica, que cuando los niños del colegio de las monjas le querían pegar siempre se escondía detrás de mí, que con dieciocho años no montaba en el tren de la bruja porque decía que le entraban taquicardias, vamos que no es precisamente Gary Cooper en “Solo ante el Peligro”.

Pero el descubrimiento es muy importante, porque significa que El Príncipe de las Tinieblas no tiene ninguna lesión, ni ningún síndrome de Latigazo cervical. Es decir que su numerito, incluido el collarín, no es más que un montaje, una mentira más grande que el matrimonio de Michael Jackson con la enfermera.

Cuando se lo he contado a mi jefe ha salido corriendo a buscar al cirujano plástico, al Doctor “Te quito las arrugas pero te dejo una cicatriz de espanto”. Y cómo corre mi jefe, es un atleta, yo iba con la lengua a la altura de la cadera para poder seguirle. Y atención feonautas, en la calle se ha producido un momento superemocionante: mi jefe se ha lanzado ante las ruedas del coche del medicucho jugándose la integridad física. Dios mío, qué nervios, yo tenía el corazón en un puño, apretadito apretadito. Mi jefe en plan héroe ha detenido el coche, ha agarrado de la solapa al medicucho y casi lo saca de un tirón por la ventanilla. Ay Dios mío, en ese momento se me han revolucionado todas las hormonas. No creí que pudiera estar más enamorada de él, pero sí, es posible.

En la oficina, mi jefe le ha hecho un inerrogatorio tipo policial y el “Doctor Cicatrices” ha empezado a sudar la gota gorda. No lo ha confesado claramente pero entre líneas ha dejado caer que se ha podido equivocar con el diagnóstico.

Mañana en el juicio se sabrá la verdad, mi padre estará a salvo y Príncipe de las Tinieblas por fin volverá a su cueva en las entrañas de la tierra.

Ay, qué bien voy a dormir esta noche.

Una fea aliviada.

Septiembre 14, 2006

EL SECRETO DEL TUPPERWARE. (Jueves 14 de septiembre.)

Queridos feonautas:

El modo más directo para llegar al corazón de un hombre es su estómago. Esa frase la repetía mi madre en cuanto le dabas la mínima oportunidad. Yo siempre había pensado que era una tontería, pero hoy me he dado cuenta de que a lo mejor esconde algo de verdad. Perdonad que sea tan críptica pero es que estoy muy emocionada. Empezaré por el principio. Estábamos mi jefe y yo en su despacho cuando de repente ha entrado su novia, su prometida, y le ha propuesto que se fueran a comer juntos. Pero él no ha querido volver a tragarse la comida del catering y me ha pedido que le trajera un bocadillo de tortilla del bar. Entonces, he sacado el tupperware con las albóndigas en salsa que mi padre había preparado y... han tenido un efecto increíble, sorprendente, casi mágico. Mi jefe ha probado una de esas pequeñas porciones de carne picada y después ha dicho Mmmmm y me ha mirado de una forma especial, distinta, como nunca lo había hecho. Creedme feonautas, durante un segundo me ha parecido que entre nosotros había algo más que un tupperware lleno de albóndigas en salsa. Ha sido un momento de intimidad, nuestro primer momento de intimidad. (SUSPIRO) ¿Quizá las albóndigas son una especie de filtro de amor?

Cuando aún no me había repuesto de la magia del tupperware apareció en la oficina el médico que firmó el parte de lesiones del señor Acelga. Por lo visto es un cirujano plástico con un montón de cicatrices en el mango de su bisturí. Vamos, que hace años le metieron un paquete de padre y muy señor mío por dejar a una condesa con la misma cara que el psicópata de “La Matanza de Texas”. Pobre mujer. Ya es malo ser fea de nacimiento pero que te metas en un quirófano como Sharon Stone y salgas como Pozí tiene que ser mucho peor.

Mi jefe ha estado estupendo (como siempre) y le ha puesto entre la espada y la pared. Yo sé que ese hombre esconde algo más que las arrugas de las famosas. Creo que estamos muy cerca de descubrir los chanchullos del Príncipe de las Tinieblas...

Os mantendré informada. Un beso muy grande de una fea emocionada.

Septiembre 13, 2006

CROQUETAS EN LA QUINTA GALERÍA. (Miércoles 13 de septiembre.)

Queridos feonautas:

Esta noche no puedo dormir. No sé si es por lo de la citación judicial o porque me he metido en la cama con la maraca que mi jefe me ha traído de México y cada vez que me doy la vuelta pues hace ruido y claro, me acuerdo de él.

Además, hay un montón de preguntas que me asaltan como un grupo de paparazzis a la salida de la casa de una folklórica: ¿Se podrá jugar a la petanca en el patio de la cárcel? ¿Pondrán “De Dunkerque a la Victoria” los sábados por la noche en el cine de la quinta galería?, ¿serán las croquetas de pollo caseras? Ay Dios mío, ¿qué voy a hacer?. Sólo con imaginarme a mi padre sentado detrás de unos barrotes se me pone un nudo en el estómago y me entran unas ganas de llorar...

Sin embargo, puestos a ser positivos (y hay que ser muy positiva para sacar algo bueno de todo esto), la demanda del Príncipe de las Tinieblas, Señor Acelga, ha conseguido algo que nunca pensé que fuera a ocurrir. Mi padre y mi jefe se han conocido. Los dos hombres más importantes de mi vida juntos en el mismo metro cuadrado de tarima flotante. (SUSPIRO) Feonautas, no sabéis lo feliz que me he sentido en ese momento, aunque el motivo haya sido un asunto tan desagradable.

Mi padre estaba supernervioso pero mi jefe ha sido muy amable, incluso cariñoso. Y estoy segura de que si alguien puede hacer el milagro de salvar a mi padre de su ingreso en la quinta galería es él. ¿Verdad feonautas que parece una historia sacada de una novela de caballería?. El noble caballero que salva a la dama en apuros y a su pobre padre justo en el último momento. Yo sería la dama vestida con un traje de seda, brocados de oro y un velo... bueno, en mi caso tendría que llevar una cota de malla para que el caballero andante no se diera media vuelta a las primeras de cambio y pusiera su caballo rumbo a otro castillo.

La historia acabaría con el caballero levantando el velo de la dama y dándole un apasionado beso... Ya que no puedo dormir, lo mejor es soñar despierta.

Un beso muy fuerte de una fea insomne.

Septiembre 12, 2006

LAS MARACAS DE MACHÍN. (Martes 12 de septiembre)

Queridos feonautas:

Cuando era pequeña en mi clase del colegio de las monjas había una niña que se llamaba Rosita. Rosita tenía un pelo rubio larguísimo y siempre le daban el papel de princesa en las obras de teatro del colegio. Rosita lo tenía todo. Sin embargo, Rosita era mala. Un día me clavó la punta de un lapicero en el trasero en mitad de la clase de Historia, y otra vez me encerró en el baño y estuve como seis horas a oscuras y con los pies mojados porque la cisterna perdía agua. Le tenía una rabia.... Deseaba que Rosita sufriera un accidente, que durmiendo se estrangulara con sus coletas rubias, que una radiación cósmica hiciera que se le llenara la cara de pústulas y se le cayeran aquellos dientes blanquísimos y perfectos. Algo que castigara sus malas acciones. Pero mi madre me decía que no debía desear esas cosas, que Rosita era una niña como yo y que seguro que se comportaba así porque tenía miedo. Miedo. Si mi madre tenía razón y la gente mala se comporta así por miedo, Señor Acelga debe sufrir un montón, vamos que debe andar por la vida aterrorizado como un adolescente perseguido por un psicópata asesino. Porque ¿Cómo se puede ser tan ruin para querer enviar a la cárcel a mi padre, un hombre bueno, honrado y que nunca le ha hecho mal a nadie?

Me gustaría poder hablar con mi madre para que me repitiera esas cosas ahora que deseo que le ocurra lo mismo a esa alimaña, a ese gusano de Señor Acelga. Y pensar que estuve a punto de cometer una traición, que estuve a punto de convertirme en una Judas bíblica. Menos mal que me marché a tiempo de la cueva de Señor Acelga y reuní fuerzas para contarle toda la verdad a mi jefe. Y él se comportó como yo no esperaba. Fue comprensivo, amable y sobre todo, creyó en mí. Es tan reconfortante que de vez en cuando (aunque sea una vez cada millón de años) alguien crea en una.

Además es tan valiente. Se ha enfrentado con el Príncipe de las Tinieblas y ha hecho que retrocediera. “Tus abogados contra los míos” le ha dicho, y le ha sacado de su despacho con espuma en la boca como un perro rabioso.

Y encima me ha traído una maraca de México. Me he emocionado tanto que me he puesto a llorar como una boba. Vamos, que me van a nombrar clienta del mes de las empresas de celulosa. (SUSPIRO) Cómo me alegro de que haya vuelto. Estoy segura de que ahora todo irá mejor.

Entre lágrimas me despido. Una feonauta que lo es. Bea.

Septiembre 11, 2006

ESTOY PERDIDA. (Lunes 11 de septiembre.)

Queridos feonautas:

He tomado una decisión. Y creedme que no ha sido fácil. Decidida estoy a poner punto y final a mi vida... por lo menos a la laboral. Voy a plegarme al asqueroso chantaje al que me veo sometida por el Príncipe de las Tinieblas, voy a contarle a Señor Acelga todo el asunto de los mexicanos.

Como veis no ha hecho falta que Señor Acelga me pusiera astillas encendidas bajo las uñas de los pies, ni que me atara a un poste untada de miel al ladito de un nido de hormigas caníbales, ni que me haga la ortodoncia un científico nazi sin anestesia, ni que...voy a parar de imaginarme estas cosas que me estoy mareando... solamente ha tenido que tocar el punto vulnerable que toda hija tiene...su padre.

Sé que no está bien, sé que he dado mi palabra, sé que le debo lealtad a mi jefe, pero... ¿cómo puedo negarme?. Ver a mi padre detenido por la policía como un acusado cualquiera de la Operación Malaya es demasiado para mí. Mi padre es la única persona que me ha querido de forma incondicional en toda la extensión de la palabra. No puedo hacerle eso, no puedo enviarle a la cárcel por mucho que... (sí, debo decirlo ahora que todo está a punto de acabar) por mucho que esté enamorada de mi jefe.

Si al menos él hubiera estado aquí, si se hubiera presentado esta mañana en la oficina, quizá podría haberme lanzado a la piscina sin gorro de baño y habérselo contado todo...pero no ha llegado.

Caminando por la calle sin rumbo como una patera por el Atlántico me he dado cuenta de que el paso que voy a tomar es definitivo. Seguramente me despedirá en el mismo momento en el que comprenda que le he traicionado. Recogeré mis cosas, abandonaré mi pequeño despacho (húmedo y sin luz, pero mío al fin y al cabo), dejaré atrás la oficina y volveré a la aburrida rutina: a limpiar la casa, a las partidas de petanca por las mañanas, a las acelgas rehogadas con patatas, a leer por quinta vez “Guerra y Paz” de Tolstoi...

Y sobre todo, nunca más le volveré a ver. A mi jefe, al hombre que ha dado sentido a mi vida. Estoy perdida.

Esta es la decisión más dolorosa que he tenido que tomar en toda mi vida, pero tengo que hacerlo. No tengo más opciones... Estoy haciendo lo correcto, ¿verdad feonautas? ¿Alguien tiene otra solución?

Una fea perdida.

Septiembre 08, 2006

ABRAZO UNA ALMOHADA IMAGINANDO QUE ES ÉL (Viernes, 8 de septiembre de 2006)

Queridos feonautas:
Ahí va una pregunta, ¿los mafiosos y extorsionadores nacen o se hacen? Yo creo que nacen. Y, por favor, no quiero ser injusta... pero es que no se me ocurre en qué escuela se puede aprender a maltratar a la gente, a explotarla y extorsionarla. Estoy casi convencida de que malos-malosos como el señor Acelga nacen con un gen que les predispone al mal. Sí feonautas, me vuelve a chantajear y de la manera más vil: dice que nos tiene cogidos a mi padre y a mi por...(es que no me atrevo a ponerlo, pero seguro que todos os lo imagináis). El asunto es que como mi pobre padre confió en él y le entregó el cheque por los 60.000 euros que no tenemos, pues a ver cómo le pagamos. Yo no lo tenía nada claro, pero mi padre parece que sí. Ayer cuando llegué a casa casi me da un siroco. Había un cartel de “Se vende” colgado en nuestro piso...¡¿Os lo podéis creer?! La casa que mis padres compraron con mucho esfuerzo y, no menos ilusión, a la venta por culpa de un ser despiadado y sin escrúpulos. Menos mal que conseguí, o al menos eso creo, quitarle a mi padre la idea de la cabeza. Hemos tomado una decisión: contarle todo lo que pasa a mi amadísimo jefe. En cuanto vuelva de su viaje le contaré todo lo que su archienemigo el Acelga ha estado haciendo en su ausencia. Y sobre todo, le pediré ayuda ante la extorsión a la que nos tiene sometidos. Mi padre está totalmente de acuerdo y eso es lo que haremos.
Feonautas, ¡no os podéis imaginar las ganas que tengo de ver a mi jefe! Sé que apenas ha estado unos días fuera pero...He echado de menos su olor, su sonrisa, su mirada, su...¡Todo!(TREMENDO SUSPIRO) Confieso que estoy perdiendo un poco la chaveta, porque hasta he abrazado una almohada imaginando que era él,¿habéis hecho una estupidez de este calibre alguna vez? Para mi es la primera...y espero que no sea la última, porque estos sueños y estos pensamientos es lo único que tengo cuando no puedo verle. Estaba tan contenta que hasta saqué mi gran secreto de su escondrijo: Mi pintalabios. Ese objeto que no he usado en mi vida y que un día me encontré, nuevo y precitado, a la salida de un cine. Ni siquiera sé si ese color me favorece, pero me daba igual. Todo me parecía poco a la hora de recibir a mi jefe. Me muero por verle, aunque decirlo suene a frivolidad, dado el percal que tenemos mi padre y yo con el Acelga...(SUSPIRO) Tened cuidado ahí fuera, feonautas. Ojalá nunca os topéis con un Acelga, es una experiencia desagradable.

Septiembre 07, 2006

TENGO UN POCO DE BIGOTILLO (Jueves, 7 de septiembre 2006)

Queridos feonautas:
Después del semi-secuestro al que el entrañable Señor Acelga me tuvo sometida pude escapar de milagrito y atender la llamada de mi amado jefe como es debido...La sorpresa fue mayúscula al escuchar la petición que mi jefe me hacía desde el otro lado del Atlántico: Debía montar una videoconferencia en la que explicase al jefazo del grupo extranjero las ventajas de asociarse con nuestra empresa. ¡Yo no daba crédito! Por teléfono hubiese estado encantada de hacerlo pero...¿Por videoconferencia?¿Qué quería? ¿Que el jefazo extranjero huyera directo a Tombuctú al ver mi cara reflejada en la pantalla? Intenté convencer a mi jefe de hacerlo por teléfono pero...no coló: Tenía que ser en directo, contemplando mi careto en una pantalla de 17 pulgadas. Menos mal que no era un modernísimo plasma de 34 pulgadas y alta definición en el que se pueda contemplar hasta el último pelo de mi bigote. Sí feonautas, un poco de bigotillo sí que tengo, pero no me atrevo a quitármelo. Total,¿para qué? Los hombres nunca me han mirado y no lo van a hacer sólo por depilarme tres pelos de la cara. Bueno... la cosa es que esto de la videoconferencia me puso nerviosísima.
Mis compañeras, que son unos soles- no todas son un caso perdido como la cerebro de lenteja- intentaron ayudarme como pudieron: Primero maquillándome y arreglándome y luego... luego se portaron como un auténtico comando. Como una unidad especial del ejercito. Vamos, que ni el “Equipo A” en sus mejores tiempos. Ellas impidieron a toda costa que el Acelga interrumpiese la videoconferencia. Por lo visto se enteró y subió como la pólvora a ver qué me traía entre manos con mi jefe desde el otro lado del charco. Y funcionó, feonautas, pude terminar mi exposición y esconderme antes de que el ser oscuro entrase en la sala de juntas y se la encontrase vacía. Bueno, vacía no estaba: estaba yo, escondida debajo de la mesa, temblando, como en la peor película de miedo...¡Y no me vio!(GRAN SUSPIRO DE ALIVIO). Pero el Acelga no se da por vencido tan fácilmente. Justo después de que mi jefe me llamase para darme la enhorabuena por la exposición apareció, sombrío-como siempre- con su pelo de Conde Drácula y sus ojos de infeliz: Decía que lo sabía todo y que no pararía hasta que le contase hasta el más mínimo detalle de la videoconferencia. Yo, con tanta presión, no sé si podré seguir... Pero me niego rotundamente a traicionar a mi jefe. Un beso muy gordo de una fea asustada...

Septiembre 06, 2006

RETENCIÓN TÉCNICA (Miércoles, 6 de septiembre de 2006)

Queridos feonautas:
Me han secuestrado. Y en dos meses y medio que llevo en la empresa es la segunda vez que me pasa. Cosa curiosa, siempre viene por el lado de la misma familia: primero la prometida de mi jefe, ayer su hermano, el señor Acelga. Aunque ellos prefieren llamarlo retención técnica, yo creo que es un secuestro en toda regla.
El caso es que Mister Acelga, viendo que no soltaba prenda acerca del socio de mi jefe, pensó que la única manera de sonsacarme la información era encerrándome en mi despacho y aislándome del mundo exterior. A nosotros los feos, el aislamiento es algo de lo que, por desgracia, estamos bastante acostumbrados. Viendo que su plan no funcionaba, optó por lo más horrible que podía imaginar: se puso a dar vueltas a mi alrededor como un tiburón hambriento acechando alrededor de una patera de náufragos.
Su sola presencia, cerca de mí, mirándome fijamente, me erizaba los pelos de los brazos y hacía que se me congelara la sangre. No paraba de repetirme que acabaría destruyéndonos a mi padre y a mí. Estaba asustada, feonautas. Pero el delirio de Acelga fue más allá. ¡Me hizo llamar a mi jefe con el manos libres conectado! ¿Entendéis lo que significaba eso? Acabaría enterándose del nombre y me rebanaría el pescuezo y me utilizaría como comida de sus perros de caza. En ese momento, sólo podía hacer una cosa. (No llorar, no, aunque lo pensé)
Rezar. Sí, recé todo lo que me sabía. Le pedí a todos los santos del cielo que me ayudaran. Hasta les prometí que, si me salía bien la cosa, haría el Camino de Santiago de rodillas... Y debe ser que hay alguien ahí arriba a quién no le caigo demasiado mal porque mi jefe tenía el teléfono apagado.
Entonces, volví a pedirles a los santos que me mandaran a un héroe guapísimo que tirara abajo la puerta del despacho y me liberara de las garras del malvado. ¡Y sucedió! Bueno, más o menos. El amigo de mi jefe abrió la puerta y con un par de gritos puso a Señor Acelga en su sitio y no tuvo más remedio que dejarme libre. Lo que me pregunto ahora es hasta cuando.
¿Alguno sabe de cuántos kilómetros consta el Camino de Santiago?

Septiembre 05, 2006

TELEPATÍA (Martes, 5 de septiembre de 2006)

Queridos feonautas:
¿Creéis en la telepatía o en sistemas de comunicación similares? ¿En la posibilidad que dos personas puedan estar interconectadas mentalmente a pesar de que estén separadas por miles de kilómetros? Yo creía que sí, que había desarrollado una facultad de este tipo mediante la que podía comunicarme con mi jefe. Pero Mister Acelga volvió a cruzarse en mi camino. (Risas las justas, por favor que hablo en serio)
Os cuento: ayer, el día comenzaba bien. Me desperté con una sonrisa en los labios porque había soñado con mi jefe (por primera vez en una semana no había tenido pesadillas con el malvado) Pues antes de que terminara de quitarme las legañas, ¡me estaba llamando al móvil! Al principio pensé que podía ser casualidad pero, estando en la oficina, al ver su silla vacía desde mi escritorio, no pude evitar pensar en él. ¡Y zás! ¡Volvió a llamarme!
Estaba tan contenta con mi nuevo descubrimiento. Iba a probarla una tercera vez para ver saber si todo había sido producto del azar o había descubierto una manera especial de comunicación y bien barata, por cierto. Así que me dispuse a pensar en él (nada difícil por otro lado) Pensé y pensé en él, en su sonrisa, en su mirada, en la forma en la que mueve las cejas cuando hace los sudokus del periódico. Pero nada. No funcionaba. ¿Qué había pasado? ¿No había cobertura mental? Salí de mi despacho buscando el motivo por el que no podía funcionar la cosa. Y lo descubrí, feonautas. Mister Acelga, el lado más oscuro del reverso más tenebroso, estaba instalado en el despacho de mi jefe. Está claro que con sus ondas negativas imposibilitaban la comunicación...
Y él no perdió la oportunidad para seguir provocándome e insinuándome que debía traicionar a mi amado. El caso es que cuando le dije que no, volvió a apretar más las tuercas. Y es que va a denunciar a mi padre por lo del talón sin fondos, feonautas. Ahora sí que estamos perdidos... Dioossss, qué ganas tengo de contárselo a mi jefe. Necesito hablar con él, ahora más que nunca.
Hasta mañana, feonautas.

Septiembre 04, 2006

HAMLET CON CALAVERA.(Lunes, 4 de septiembre de 2006)

Apuntaos este consejo, feonautas:
Aunque la sabandija repugnante sonría y aprenda modales, en el fondo, siempre seguirá siendo la misma sabandija de siempre y, tarde o temprano, sacará a la luz su verdadera personalidad. Eso es lo que me ha pasado con el Señor Acelga. El viernes intentó chantajearme. Quería que le dijera el nombre del posible socio de mi jefe en Latinoamérica. El caso es que le mandé lo más lejos que mi educación de colegio de monjas me permitió. Pero he ahí que el muy... el muy... Acelga, se presentó en mi casa y con malas artes convenció a mi padre (que de bueno e inocente que es, a veces, parece tonto y abusan) para que firmara un talón sin fondos. Así que nos tiene bien pillados porque eso es un delito y de los gordos. Llamadme pitonisa pero... me da la sensación que esta pesadilla no ha hecho más que comenzar.
Como comprenderéis, me he pasado todo el fin de semana dándole vueltas al asunto. Y es que me encuentro en un dilema moral que ríete de las pelis de Bergman. Por un lado, está claro que uno debe ser fiel a sus principios y si yo le prometí a mi jefe que le iba a guardar el secreto, lo coherente es que lo haga pero... Por el otro... ¿Tienen valor esos principios cuando está en peligro tu estabilidad familiar? ¿Cuándo te juegas el comer caliente el pavo en Navidad? Está claro que ese hombre no va a dudar en aplastarnos si tiene posibilidad y no sé si soy tan valiente como para hacer frente a todo lo que pueda venir. (Un nombre... Un nombre y se pone fin a la pesadilla) ¿Ser egoísta o ser coherente? He ahí la cuestión... Jo, feonautas. En el interior de mi cabeza se libra una batalla que ni la de la Lepanto.
El sábado por la tarde, cuando empecé a notar que salía un humo blanco de mi cerebro de tanto pensar, decidí que la única manera de poder distraerme era desviando la atención. Y me llevé a mi padre a ver una versión extendida de “La batalla de las Ardenas” al centro cultural del barrio. Y quieras que no, durante cuatro horas y cuarto (era el montaje del director) la estoica batalla la libraron otros. Pero al volver... el problema seguía estando. Mi padre, que me conoce demasiado, me ha dicho que no me preocupe, que siga siendo leal a mi jefe y que las cosas se resolverán. Eso espero porque una semana igual de estresante que la pasada y me hago monja de clausura. Hasta mañana, feonautas.

Septiembre 01, 2006

MOSCAS EN LA OREJA (Viernes, 1 de septiembre de 2006.)

Queridos feonautas:
Mientras que hay gente que nace con el don para escribir o para tocar el piano como los ángeles, está claro que en mi familia hemos nacido con el don de la “lesión inmediata”. Yo imagino que tendrá que ser algo genético como el que los hijos tengan los ojos del mismo color que los padres o los dientes torcidos como la madre.
Y es que, si yo lesioné el otro día al primo de un compañero de trabajo cuando jugábamos al billar, mi padre le ha hecho lo mismo al enemigo de mi jefe, el oscuro señor Acelga. ¿Os acordáis que chocaron con el coche? Pues ahora quiere demandar a mi padre por una lesión cervical.
Cómo lo leéis. Y el muy... el muy... malo, se presentó en casa para pedirle a mi padre una indemnización millonaria. Y os juro que cuando digo millonaria es literal: ¡Sesenta mil euros, diez millones de pesetas! ¿Y os podéis creer dice que si no nos pide más es por hacernos un favor personal? ¡Si nos quisiera hacer un favor personal nos invitaría a un crucero por el Caribe o nos compraría un sofá nuevo, o mandaría un fontanero para que nos arreglara la dichosa gotera del baño pero eso...! Además, feonautas, ¿de dónde vamos a sacar nosotros sesenta mil euros si no tenemos a veces ni para pagar al del videoclub? Es mi sueldo de los próximos cinco años. Cinco años sin poder comer, ni comprar el bonometro, ni poder ir al cine... ¡Voy a tener que buscar otro trabajo!
Y no me fío del señor Acelga, feonautas. No es que no crea que tiene la lesión (teniendo en cuenta como quedó su cochazo) si no que me resulta raro que sea tan condescendiente con mi padre, le llame amigo, venga a cenar a casa... Hay algo que huele a podrido en todo esto y tengo la mosca detrás de la oreja. Peor aún, tengo todo un campamento de moscas acechándome día y noche...
Ayer tenía muchas ganas de contarle a mi jefe lo que había pasado con Mister Acelga. No porque pensara que él pudiera ayudarnos, si no por el hecho de verle, de que me reconfortara de alguna manera con sus palabras. Pero sigue de viaje en México... A veces me da la sensación de que, cuando él está aquí, las cosas van mejor. Y ha sido irse... Y se derrumba el mundo.
Hasta el lunes feonautas.

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