OFENSAS A MEDIAS. Viernes 31 de agosto de 2007
Queridos feonautas:
La relación con Nacho marcha sobre ruedas. Y, nunca mejor dicho porque la bicicleta es lo que más nos une. Eso sí, tengo unas agujetas que no se las desearía ni a mi peor enemigo. ¿Conocéis mejor manera de empezar el día que con un agradable y relajante paseo en bici? Pues yo no. Y el paseo es aún mejor cuando gozas de buena compañía, es decir, de mi queridísimo Nacho. Creo que la última vez que hice ejercicio fue en el instituto, agachándome bajo aquél banco del vestuario para que la profesora de gimnasia no se diera cuenta de que estaba allí. Odiaba aquellas clases, sobre todo cuando se trataba de hacer esas volteretas imposibles que se empeñaba en enseñarnos, pero que por supuesto ella nunca hacía. Nos obligaba a hacer acrobacias y ni siquiera se toman la molestia de hacer una demostración. Qué época tan odiosa, se me ponen los pelos de punta solo de recordarla. El caso es que yo siempre llegaba a casa con la espalda rota de haber estado tanto tiempo debajo de aquél banco. Pero estas agujetas son diferentes, son agujetas de verdad. Y me siento feliz de tenerlas.
El que no debe de estar muy feliz es el innombrable porque no sabéis la cara de vinagre que tiene últimamente. Debería incluir las valerianas y las tilas en su dieta porque le ha dado un ataque de celos que ni en la telenovela más cursi. Teníais que haber visto cómo ha entrado en mi despacho, como si fuera Terminator. Y eso que Nacho y yo estábamos solo bailando. No sé si me molesta más la que ha montado, o que tenga la desfachatez de imaginar que soy capaz de convertir mi despacho en un picadero. Que él y su amiguito ricitos de oro lo hagan, no significa que los demás sigamos su ejemplo. Me da pena ver al hombrecillo tan rabioso, pero en el fondo se lo merece. Se merece descubrir que no se puede tener todo. Por una vez en su vida se le resiste algo de lo que se propone. Para él las cosas siempre han sido fáciles. Dejaba entrever su billetera y tenía el mundo a sus pies. Pero ahora las cosas son bien distintas. El dinero no le sirve para conseguir lo que quiere y su experiencia de latin lover tampoco. Tanto es así que trata de buscarme las vueltas. ¿Cómo es capaz de decirme que desatiendo mis obligaciones por irme de juerga? Mirad que conozco al innombrable y sé cómo es, pero hacer ese tipo de acusaciones cuando sabe que lo he dado todo por Bulevar 21 me saca de mis casillas. Sin embargo, habrá que hacer caso al dicho de no ofende quien quiere, sino quien puede. Y él no puede. Hasta el lunes feonautas.
Una fea casi ofendida.
